Los alumnos de Refuerzo de Lengua de 1º A comienza a realizar sus primeras composiciones escritas. En esta primera actividad se han convertido en los objetos más curiosos. Espero que os gusten sus historias.
ME CONVERTÍ EN UNA CAMISETA
Era una noche en la que me acosté
muy tarde y tuve un sueño un poco raro, la verdad. Cuando me
levanté, noté como que no estaba en mi cama, como si estuviera
sobre la piel de alguien, pues sentía su calor. Me di cuenta de que
me había convertido en una camiseta. Intenté dormirme, pero no pude
;intenté salir de ese cuerpo, pero no pude tampoco. Después, cuando
llegó la a hora de comer, me manché toda de tomate y me empezaron
a refregar con toallitas. ¡Cuánto dolor! Así que me quedé toda
manchada y mojada. ¡Qué fastidio! Después noté que me estaban
haciendo mucho daño, sentí un montón de golpes sobre mi delantera
y vi a los amigos de mi hermano dándome pelotazos. Mi hermano, en ese
momento, se tiró al suelo y yo le intenté gritar, pero no me
escuchaba.
Un poco más tarde noté que se habían ido todos y me habían dejado solo. Cada vez se hacía más tarde. En mi soledad intenté gritar otra vez; tampoco pude. Era ya casi de noche cuando vi a mi hermana con mi madre que venía riñendo a mi hermano. Mi madre me cogió y me metió en la lavadora que empezó a dar vueltas y vueltas. Yo me sentía muy mareada y tenía mucho frío. ¡Por fin llegó el final! Me sacaron y me pusieron en un tendedero y noté que ya estaba otra vez sobre mi cama.
Al amanecer, brilló el sol, me levanté y fui corriendo al cuarto de baño a mirarme al espejo. Allí me cogí un pellizco en el brazo y pude comprobar que ya estaba bien. En cuanto vi a mi hermano, se lo conté todo, pero no me creyó; y mis padres, tampoco. En fin, me quedé con la duda de qué me podría haber pasado.
Julia Benítez, 1º A
SOY UN ESTUCHE
Estoy colocado en la mesa y no
entiendo nada de lo que está pasando. Quiero hablar, pero no puedo,
y cuando me intento levantar, no puedo. Tengo hambre, pero no puedo
comer, porque no tengo boca; en su lugar me ha salido una enorme
cremallera que se abre y se cierra. Después siento que me coge mi
hermano y me mete en su mochila. Allí está todo muy negro, muy
oscuro, y yo siento mucho miedo. Choco contra los libros, el más
peleón es el de Lengua. Cuando salgo de la mochila alguien me tira sobre la mesa. ¡Qué mala leche tiene el niño, tratar así a
su hermano-estuche! En ese momento me levanto de mi cama y no entiendo nada de lo que está pasando, porque ya soy yo con mis manos y con todo mi
cuerpo. Al final, todo eso ha sido un sueño.
Aymane Aboulibada, 1ºA
Soy un caballo
Una noche, antes de irme a dormir, pensé cómo me sentiría si me convirtiese en algo distinto a lo que soy. Al convertirme, ya no tendría que moverme, hacer los deberes, estudiar, hacerle los mandados a mi madre...
Así que decidí dormirme a ver lo que soñaba. Me dormí y soñé que me convertía en un caballo. Estaba en un sitio que no era mi casa, era un establo rodeado de animales, como perros, gatos, cerdos y patos. Sentí que no podía hablar con los otros animales. De mi boca nada más salían relinchos, pero nadie respondía; tampoco los otros animales.
Cuando me desperté, me fui corriendo al cuarto de baño, a echarme agua en la cara y vi mi cara, ¡sí!, mi cara humana. Después me quedé pensando en cómo había ocurrido todo esto; parecía que era mentira, pero no lo era. ¿Lo había soñado? Se lo conté a mi familia, pero nadie me creyó, excepto mi primo Juan, que también había soñado lo mismo la semana anterior, aunque él había soñado que era un lápiz.
José Luis Crespo, 1º A
Soy un colchón
Era una noche fría y oscura y sentía un peso encima de mí…Lo ignoré, podría ser mi gata. ¿¡Qué!? Espera… mi gata no pesa tanto. Intenté levantarme, pero no pude entre el peso de lo que tenía encima y yo. Miré hacia arriba y... ¿¡una persona!? Intenté quitarla hasta que…me di cuenta de que yo era un colchón.
Tenía muelles y un tejido suave como la seda. Me moví tanto como pude y logré despertar a la persona que tenía encima, que resultó ser mi hermano. Mi hermano entró en pánico con el movimiento. No se explicaba lo que estaba ocurriendo. Le susurré para no asustarlo ante todo lo que estaba ocurriendo. Él me dio una poción para volver a ser yo. Me la tomé desesperada. ¡ Qué bien, había vuelto a la normalidad! Así, tan feliz, abracé a mi hermano.
Ana Lorena Gornic, 1º A
Soy el mando de la Play
Hace tiempo, una mañana cualquiera, me desperté, pero no estaba en mi cama, estaba en el sofá . No le di importancia; me intenté levantar para ir a desayunar, pero no me podía mover. Intenté hablar, pero sentía como que no podía abrir la boca, como si algo me la tapara. Estuve mirando alrededor y delante de mí estaba el televisor.
Vi a mi padre que se sentaba a mi lado, pensé que su cuerpo pesado de 120 Kg me iba a aplastar, pero no fue así, sino que me cogió entre sus manos. Vi cómo se encendía la Play y me di cuenta de que era yo mismo el mando de la Play. Pero no me lo creía porque era imposible. Pensé que era un sueño, aunque justo en ese momento vi que mi padre perdía una partida. Se enfadó mucho, me tiró contra la pared, y justo antes de chocar me desperté en mi cama. Mientras pensaba en lo que había ocurrido, entró mi padre a mi cuarto y me dijo que había roto sin querer el mando de la Play. Me entraron ganas de darle una colleja, pero recordé que, si le pegaba, me castigaba; así que solo me volví dormir.
Ismael Navarro, 1º A


