lunes, 10 de noviembre de 2025

NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS

Imagina que despiertas un día y tú ya no eres tú, eres un zapato, unos pendientes o una pantalla de ordenador. ¿Qué ha ocurrido con tu cuerpo? ¿Cómo has llegado a ese estado? Pues eso es lo que les ha ocurrido a los personajes  de estos microrrelatos. Los alumnos de 1º D han disfrutado con su producción, espero que a vosotros también os gusten.


NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS



SOY UN RIFLE

Me desperté en medio de la selva y vi que estaba en la espalda de un hombre. No podía saber quién me había colocado allí. Me preocupé bastante, ni era yo ni  sabía cómo volverme humano. En aquel momento sentí una mano sobre aquella espalda, se acercaba a mí. Me levantaron, apuntaron conmigo y en ese momento me percaté de que era un rifle . Apretaron el gatillo y dispararon a un león. Yo disparaba por la boca. No podía hablar ni moverme ni mear , solo me usaban para disparar.

Un día, mi amo estaba cansado de usarme y quería deshacerse de mí, así que me tiró a la trituradora. Segundos antes de caer al fondo de la máquina, me desperté ; solo había sido un sueño.

Carlos Lúquez, 1º D






Soy un bolígrafo

Me desperté aquella mañana y me sentía muy rara. En ese momento me acordé de que el día anterior me había comido un kebab con salsa blanca cuyo sabor era muy raro. Pensé que era un sueño y en ese momento me pellizqué la mano y sentí dolor, así que todo era verdad. Todo se complicó cuando mi hermana me metió en su estuche, donde todo estaba muy oscuro. Cuando ella llegó a clase, empezó a escribir con el bolígrafo.¡¡¡ QUE ERA YO!!! Sentía que cuando rozaba el papel yo me quemaba tanto que llegó un momento en que me desmayé. 

No sé el tiempo que pasó, pero al despertar sentía mi carne suave y blanda, ya estaba en mi cuerpo otra vez. No me lo pude creer hasta que me miré en el espejo y empecé a saltar de la alegría después de un dia tan agotador y de aventura.

Hiba Minai, 1º D



El zapato encantado de la Feria de Mairena

Era la Feria de Mairena… ¡Qué bien me lo estaba pasando!

Las luces brillaban, la música sonaba por todas partes y el aire olía a algodón de azúcar y churros recién hechos. Todo iba perfecto… hasta que fui a montarme en una atracción y discutí con una mujer que quería colarse.

Ella comenzó a decir muchas palabras extrañas, levantando las manos hacia el cielo:

—¡A los dioses del cielo, abracadabra… aaaa!

Entre todas esas palabras, escuché una muy rara:

—¡Que te conviertas en un zapato!

Yo, por supuesto, no creí nada de lo que decía. Pensé que solo estaba loca o enfadada.

Pero, a la mañana siguiente, cuando desperté, noté algo muy extraño: ¡me había convertido en un zapato! Sentía que no podía moverme. No tenía brazos ni piernas, solo cuero, suela y cordones.

De pronto, mi hermano entró en mi habitación. Me vio sobre la cama y, pensando que eran sus zapatos nuevos, me calzó sin saber que yo estaba dentro. En ese momento empecé a marearme, y cuando abrochó los cordones, sentí como si me estuvieran estrangulando.

Grité con todas mis fuerzas, pero él no podía oírme. Yo estaba desesperado y muy arrepentido de haber insultado a aquella mujer. Pensé y pensé en una solución y se me ocurrió que debía pedirle perdón, pero… ¿cómo hacerlo si no podía moverme por mi cuenta?

Mi hermano salió de casa y, sin saberlo, me llevó puesto hasta la feria. Minutos después, se detuvo en un bar… ¡y allí estaba ella, la mujer del conjuro, la bruja loca!

Grité lo más fuerte que pude, y, entre toda la multitud, solo ella me escuchó.

—¡Lo siento! —le dije. ¡No debí insultarla!

La mujer me miró y respondió con calma:

—Está bien, te perdono… pero no lo vuelvas a hacer.

—No lo haré, te lo prometo —contesté, con sincero arrepentimiento.

Ella sonrió y dijo:

—Cuando vuelvas a despertar, volverás a ser humano.

Y así fue. A la mañana siguiente abrí los ojos y, para mi alivio, ya tenía mi cuerpo de nuevo. Desde aquel día aprendí a tener cuidado con mis palabras… y a no discutir con extraños en la feria.

José Manuel Pineda Curiel, 1º D



lunes, 13 de octubre de 2025

Instrucciones para encontrar el tesoro

 

Si quieres encontrar el GRAN TESORO, primero deberás leer las instrucciones para llegar hasta él. Sigue los pasos que te dan nuestros alumnos de 1º D y seguro que hallarás joyas y monedas para hacerte rico.



El tesoro escondido de Pedrito de la Mafia

1- Cuando estés en El Viso, busca la casa de Pedrito de la Mafia. Para localizarlo, debes encontrar una casa con una foto de una espada en la misma puerta.

2- En su interior, accede al cuarto de baño. Allí tienes que romper la parte baja de la ducha y se abrirá un gran agujero.

3- Te tiras y caerás en un colchón con dos interruptores debajo de la cama: uno sirve para encender las luces , y el otro sirve para que la cama se abra. Pulsa los dos interruptores.

4- Además, debajo de la cama hallarás tu tesoro, una espada de diamante. Si no tienes el poder suficiente, te envenenará; pero si eres el escogido, te brillará.

ESPADA DE DIAMENTE: tiene poderes mágicos, la supervelocidad y la teletransportación.

Carlos Lúquez, 1º D


EL TESORO DE JAÉN

  1. Cuando estés en Jaén, localiza una estatua que tiene una serpiente. Pulsale en un ojo y se abrirá una puerta hacia un sótano.

  1. Una vez allí ,debes tener cuidado con las trampas, que son muchas y muy peligrosas.

  1. Debes pasar unas escaleras subterránea y, al final, debes buscar la pista secreta entre los muros de la pared.

  2. Esa pista te dará la clave para encontrar el cofre, que estará bien escondido.

  3. Cuando encuentres el cofre y lo abras, debes correr porque la cueva se estará desmoronando.

Hiba Minai, 1º D


EL TESORO DE PINEDA

  1. Antes de entrar, debes tener cuidado con las trampas que hallarás en el camino y estar atento a todos los movimientos que hagas.

  1. Entra por la puerta principal que te dará acceso a una escalera donde encontrarás la llave para la próxima pista.

  1. Cuando estés arriba, en las escaleras, debes presionar el botón rojo que dará acceso a una habitación en penumbra.

  1. Cuando entres, encontrarás varias llaves: usa la de color morado para llegar a la ultima sala con la pista para llegar al tesoro.

  1. Una vez que llegues a esa última sala, usa la llave azul para abrir el cofre ( si usas otro color, serás abducido por un agujero negro).

    ¡Ya tienes el tesoro en tus manos!

    José Manuel Pineda Curiel, 1º D



Indicaciones del Camino Secreto

  1. Cuando llegues a la entrada de la cueva, sigue andando hacia delante y te encontrarás con un papel que tiene un mapa.

  2. Sigue el camino que te indica el mapa hasta que llegues a una puerta de madera. Al fondo hay un cuadro, quítalo y le das a la palanca que hay incrustada en la pared.

  3. Después, se abrirá una gran ventana de cristal templado, ve rápido porque se cierra en 10 segundos.

  4. A continuación, pulsa un botón que está en una mesa al lado de una pala y se abrirá un pasadizo.

  5. Más adelante, en una pared, hay una flecha apuntando hacia abajo.

  6. Coge la pala y empiezas a escabar y a dos metros de profundidad, más o menos, hay un cajón con una llave. Esa llave es de una puerta, ábrela y ¡allí estará el cofre del tesoro!

José Luis Crespo Peña, 1º D




viernes, 10 de octubre de 2025

Relato de un viaje

 Nuestros viajes pueden estar llenos de aventuras y, si no fuera así, pues nos las inventamos.  Eso es lo que han hecho nuestras alumnas de 2º A. Espero que os gusten sus creaciones.




UN SUEÑO MUY REAL

Desperté en una cueva oscura y húmeda. Agitada y con la respiración acelerada, traté de levantarme no muy torpemente. Me puse de pie para descubrir que estaba atada a unas cadenas. Con un quejido de dolor por el golpe, me levanté y corté las cadenas de mis pies con mi espada. Me fijé en la cueva: era pequeña pero ancha. Tenía bastantes tipos de cadenas, más gruesas, más finas… Noté un charco de sangre a mi alrededor, sobre todo en mi pierna. Estaba herida. Me arranqué un trozo de camiseta e hice un vendaje improvisado. Me levanté tambaleándome, sintiendo el peso de la situación sobre mis hombros. ¿Me habían secuestrado? ¿Cómo había llegado ahí?

Caminé por la cueva, buscando pistas, o una salida. Tras varios metros, escuché un ruido, como si fuera un rugido. Mis pupilas se dilataron del terror. Mis piernas, sin el permiso de mi cerebro, caminaron hacia donde provenía (o al menos, eso creía) el ruido. Me congelé completamente.

-Oh, no…

Un gran dragón de unos veinte metros, piel verde oscura y áspera me miraba con sus grandes ojos amarillos y naranjas como el fuego. Temblando de pies a cabeza, reuní el valor para hablar

Hhhhola? – murmuré, con la voz temblando.

Lo único que recibí de respuesta fue un gruñido que me puso los pelos de punta. El dragón me miraba amenazante, como si estuviera comiéndome con la mirada. Cuando este dio un paso, chillé los más que pude y salí corriendo a más no poder. Cuando abrí una puerta, me encontraba en mi habitación de nuevo. Mi mente estaba reviviendo los momentos una y otra vez y no salí de ese trance hasta que mi madre me gritó.

--¡¡María!! La cena está lista!

--¡Ya voy, mamá!-- grité a todo pulmón, alterada.

Esa noche me di una ducha relajante, con mi música favorita de fondo.¿Qué había pasado? ¿Todo me lo había imaginado? Sacudí la cabeza y me obligué a pensar en el examen de mañana.

Aquella noche soñé con lo ocurrido. Esa oscura y tenebrosa cueva. Esas gordas y largas cadenas, ese dragón… Aquel recuerdo me atormentaba durante todo el día y la noche.

--Esto no puede seguir así -- pensé al día siguiente. -No es normal lo que me está pasando.

Bajé las escaleras y me acerqué a la cocina, donde estaba mi portátil. Lo encendí y busqué:¿Es posible soñar algo rarísimo y no poder dejar de pensar en ello?”

Al presionar “Buscar”, lo primero que me apareció fue una imagen del dragón. Chillé de nuevo, aterrada. A los pocos segundos la imagen desapareció y busqué la información: Los recuerdos y sueños repetitivos pueden ser un reflejo de algo que te haya pasado como en otra vida”

Aquello que me atormentaba era un pasado, un recuerdo de otra vida que se había quedado en mi memoria. Que había esperado y atormentando en un momento preciso. Un recuerdo tenebroso y realista.

María Guijo Moreno, 2º A


VIAJE DE CAZA

Carlos y José salían a cazar todos los domingos. Carlos tenía una camiseta abotonada de color rojo; José siempre iba como su amigo, solo que su camiseta era verde. Eran tal para cual.

Un domingo cualquiera, los amigos, se dirigían al campo, iban en su camión, listos para la aventura. Una vez llegaron a su destino, caminaron hacia su merendero de siempre. Se sentaron y procedieron a comer los bocadillos y la charcutería que habían traído. Cuando terminaron de comer, decidieron que ya era hora de la caza. Hoy venían en busca de aves más que nada.

¡En esta zona seguro que habrá muchas aves! – exclamó Carlos.

¡Sí, no puedo esperar a ver la cara de nuestros amigos al ver cuántas aves hemos cazado! – le respondió José compartiendo su entusiasmo.

Horas después, los amigos habían cazado una gran cantidad de piezas. Pero cuando se dieron cuenta, no sabían dónde estaban, habían perdido la noción del tiempo completamente y había oscurecido mucho. Carlos intentó usar el GPS de su teléfono, pero ni el dispositivo pudo reconocer su paradero. Entraron en pánico. ¿Qué iban a hacer ahora?

De repente, escucharon pasos en la hierba; su preocupación aumentó ya que esos sonidos no provenían de ellos. Miraron hacia el frente, delante de ellos, se encontraba una inquietante criatura. Era una especie de ciervo, pero su tamaño era anormal. Tenía tres gigantes ojos que les miraban intensamente, dos puntiagudos cuernos a cada lado de la cabeza. Esta criatura estaba de pie. La bestia les soltó un chillido agonizante. Ellos corrieron hacia otra dirección sin mirar atrás, pero la criatura cada vez aumentaba más su velocidad, y…. los atrapó…

Desde ese día, nadie volvió a saber nada de la pareja de cazadores. En su pueblo había muchas teorías de lo que había pasado: unos decían que ya no querían hacerse cargo de sus familias; otros, que unos cazadores les habían disparado; y los más audaces, que había sido la criatura del bosque…

Aurora Jiménez Gómez, 2º A




UNOS DÍAS EN LA MONTAÑA

Una mañana tranquila de invierno, Luisa y su familia se fueron a pasar el fin de semana a la montaña. Hacía mucho tiempo que no hacían una escapada en familia, así que cogieron las cosas y se fueron a la aventura. Tras tres largas horas de camino, nada más llegar a la casa, notaron algo raro, su perro estaba muy nervioso buscando cosas y olfateándolo todo.

Tras largo rato sin haber encontrado nada, decidieron acomodarse bien para disfrutar y relajarse en el finde. Por la noche, Luisa estaba jugando con sus primas en el inmenso patio de flores, todo rodeado de montañas, cuando, de repente, notaron algo aún más extraño: una luz de un cuarto en el que no se podía entrar, se había encendido de la nada. Rápidamente, se dieron cuenta y fueron a llamar a sus padres.

Al día siguiente, se despertaron y se fueron de ruta por la montaña. De regreso, vieron una sombra de un hombre corriendo por los alrededores de la casa. Ya eso no era normal, así que los padres empezaron a preocuparse. Eso jamás les había pasado allí. Pensaron que si algo extraño volviera a ocurrir, llamarían de inmediato a los dueños.

Llegada la noche, los padres se fueron a dormir y los niños se quedaron en el salón viendo una película. Luisa, con tanta curiosidad y con tanta impaciencia, dijo:

-Ahora que los padres están dormidos, vayamos a averiguar qué es lo que hay en esa habitación tan extraña. ¿Quién viene conmigo?

-Pero, Luisa, ¿tú eres consciente de lo que quieres hacer?-- preguntó sorprendido su hermano Luis echándose las manos a la cabeza.

A continuación, sin hacerle caso, se fueron a verlo. No estaban nada preparados para aquello…Nada más abrir, la puerta gritaron: “¡Aaaah! ¡Qué susto me acabo de pegar!”

Había un hombre mayor, con largas barbas blancas, pies sucios y un gato negro con ojos rojos. Ambos estaban acostados en un sillón y del grito se despertaron. Finalmente, durmieron con terror, sabiendo ya lo que había. Pero, nada más despertar, se fueron de vuelta a casa. Ese fin de semana, que iban a pasarlo tranquilos y con alegría, se había convertido en un verdadero infierno.

Gema Moreno Santos, 2º A


miércoles, 8 de octubre de 2025

RELATO FANTÁSTICO

De cualquier actividad cotidiana puede surgir una historia fantástica  y nuestros alumnos de tercero de ESO B y C, inspirados en el relato El ajolote, de Julio Cortázar, lo han conseguido.
Espero que disfrutéis de sus creaciones.

CASTIGO

Siempre he disfrutado de la soledad. Para mí, nunca fue necesario ir en grupo. Eso no significa que aborrezca la compañía. Simplemente prefiero ser el testigo. Hay gente que avanza haciendo mucho ruido, haciéndose notar allá donde va. Yo soy más de seguir a esas personas inadvertidamente.

Es entretenido expectar la siguiente jugada en la vida de una persona. Mi existencia tiene como único objetivo eso: observar y analizar, ser espectador de cada caída, cada movimiento, cada palabra de la vida de los sujetos que despiertan mi interés, siempre ignorantes de mi existencia, engañándose con banalidades y afianzándose a sus logros hasta que, finalmente, desaparecen.

Hace muchos años que no hablo con nadie. Tampoco es que me interese. Una vez conocí a alguien que me resultaba familiar. Me recordaba un poco a mí. No físicamente, claro está. No tenía ni mi color de pelo, mis ojos, la forma de mi cara, porque yo carezco de pelo, de ojos, de cara. Pero, aún así, me parecía similar a mí. No podía preguntarle su nombre. Tampoco podía presentarme siquiera. Sólo era capaz de hacer lo que siempre he hecho: observar. Observé a esa persona durante largo tiempo. En esos años, vi todos sus pasos, escuché todas sus frases, contemplé todos sus actos. Soy naturalmente paciente. Finalmente, la incertidumbre que me atormentaba se vio resuelta. El sujeto de mis observaciones mantuvo una conversación con lo que podría ser un abuelo suyo. El viejo pronunció un nombre que ya no era mío. Despertó un recuerdo oculto por el tiempo. Traté de hacer memoria. Lo último que sentí antes de dejar de usar ese nombre es un gran dolor en el pecho. Una cara mirándome. El sonido de un trueno.

Ahora ya hace mucho que dejé de poder ver al sujeto. Eso me entristece más a mí que a él. Sobre todo porque nunca me conoció. Aún así, nunca me aburro. Ahora estoy siguiendo a otra persona. Puede que yo sea el único que haga esto, o a lo mejor soy una entre un millón de invisibles rostros atentos, público de los miles de millones de actores de esta obra. Sea como fuere, no me importa. Siempre he disfrutado de la soledad. Eso se convierte en una virtud cuando ya no vives.

Nolasco Martín Fernández, 3º C





TENGO BOCA Y NO PUEDO GRITAR

Llevo días aquí encerrada contra mi voluntad. Las paredes, antes de un azul claro y ahora desgastadas, muestran un blanco sucio. La sensación es agonizante y, aunque grite, nadie me va a escuchar a mí, el experimento ciento doce. Me gustaría saber qué o quién fue el primero, también querría saber quién empezó esta locura: experimentar con personas… Están dementes, o eso pienso desde que estoy aquí. A lo mejor soy yo la demente, puede ser que esto solo sea una alucinación y ya haya vuelto con mi familia.

De repente algo cálido entró a través de la puerta, algo que llevaba mucho tiempo sin sentir. Decidí echar un vistazo a través del pequeño cristal blindado que tenía en la parte superior. Vi a todos en pánico y a una extraña al final del pasillo. Las puertas, grandes y pesadas, hechas con un hierro específico se abrieron y logré avistar de dónde provenía la luz, era fuego. Todos gritaban y corrían, pero hacía mucho que yo había perdido el sentido de escuchar.

Miré hacia delante, frente a mí se encontraba Axel, ya lo había visto antes en los almuerzos. Su bata blanca (al igual que la mía) estaba un poco quemada. En su etiqueta ponía su nombre; “Axel Cooper” y debajo el número noventa y cuatro. Él me gritó pero seguía sin oír.

Me agarró del brazo y me arrastró hacia fuera, pude llegar a ver las blancas paredes de los pasillos una última vez, normalmente eran tranquilos, con los experimentos más estables caminando por ellos libremente. Ahora, estaban llenos de caos y dichos experimentos no estaban, eran unos cobardes así que debieron salir primero. Miré hacia adelante, y vi la salida de incendios, la luz que provenía de ella no era como la del fuego. Era cálida pero… agradable.

Al salir, lo primero que hice fue decirle gracias a Axel, me había salvado. Miré mi piel, pálida como un diente de león debido a la falta de luz solar, ahora bañada por ella. No pude evitar sonreír, estaba ansiosa por volver a sentir ese tacto.

Míré a mi alrededor, Axel estaba tumbado en el suelo, jadeando por correr demasiado rápido. Levanté la mirada, estábamos en medio de un bosque. Me acerqué a un árbol, las yemas de mis dedos tocaron suavemente y notaron su rugosidad, sus imperfecciones. A lo lejos, logré avistar una pequeña pradera repleta de flores. Dirigí la mirada hacia Axel y le dije que iría un momento al prado. Él levantó una mano completamente cerrada con el pulgar hacia arriba y me dirigí hacia la floresta sin pensarlo dos veces.

Las horas pasaron lentamente -- amo cuando pasa eso así puedo disfrutar mejor de cosas como esta--. Me giré y vi a Axel, mirando hacia la pradera, parecía sorprendido y empezó a acercarse a mí mientras hablaba. Logré leer sus labios un poco: “El número cincuenta y cuatro ha iniciado el incendio”. El resto no logré descifrarlo, sólo una pequeña parte, la cual me llamó la atención: 

Al parecer, el laboratorio era algo ilegal”. Sonreí de nuevo, si era ilegal no volveríamos. Extendió los brazos y rodeé a Axel con los míos mientras el sol caía en el horizonte. Habíamos ganado la pelea, pero no sabíamos que la batalla estaba a punto de empezar.

-Tengo boca y no puedo gritar.

Alejandra Martín Pachón 3ºC




LA NIEVE TAMBIÉN CAE EN VERANO

Todo empezó una fría tarde de invierno, una de esas tardes de fin de semana en que sabes que nada importante pasará, el mundo seguirá existiendo y siendo igual al día siguiente. Sin embargo, esa tarde sí ocurrió algo inimaginable, y le ocurrió a una joven cualquiera, en un lugar cualquiera mientras caminaba por una acera cualquiera. Se llamaba Adele y no tenía nada de especial. No era muy inteligente en la escuela, pero tampoco suspendía. No era buena en los deportes, pero se defendía. No era muy popular, pero tenía un grupo cercano de amigos. Era como tú y como yo, normal.

Ese día venía de estudiar de la biblioteca, estaba relajada y feliz, todo le iba muy bien. Por estar concentrada en ese fabuloso sentimiento que la invadía, no vio llegar a la vieja loca que corría tras ella. Notó como una fuerza la tiraba al suelo, al incorporarse la cara de aquella señora se encontraba a pocos centímetros de la suya propia.

Esta noche… es esta noche —susurró. La joven se asustó e intentó apartarse de ella a toda costa, pero algo la retenía.

Cuando el reloj toque las doce yo estaré ahí… Ten fe o padecerás una vida de desdichas, chiquilla… —esta vez habló más fuerte y claro, no eran imaginaciones suyas.

Adele volvió a intentarlo, intentó escapar de nuevo. Esta vez lo consiguió. Mientras corría escuchó otra vez a la loca gritarle:

¡Recuerda mis palabras, Adele!¡Ten fe o perecerás!

Ella continuó su día, esa mujer la inquietaba pero no iba a permitir que le destrozara la maravillosa tarde de invierno que estaba teniendo. Olvidó las advertencias por completo, ya mañana pensaría en ello. Llegó la noche y seguía sin recordar lo que esa vieja loca había gritado con tanta insistencia.

Adele no era muy organizada, tampoco un desastre. A pesar de eso había algo sagrado para ella, la hora de dormir. Desde pequeña le habían inculcado que había que irse a dormir antes de la medianoche, y así lo hizo. Se acostó a las 23:30 y a las 23:55 ya estaba sumida en un profundo pero inquieto sueño. Llegaron las 00:00, y como la loca predijo un inmenso resplandor inundó la habitación de la joven, ella siguió durmiendo. La vieja loca se acercó hasta ella y le acarició la cara con sus asquerosas manos llenas de mugre.

Te lo advertí, dulzura. Que pena, una chica tan bella condenada a una eternidad tan insoportable. —Se acercó aún más y le besó la frente.

De pronto Adele abrió los ojos, pero ya era demasiado tarde, todo daba vueltas. La vieja loca ya no estaba junto a ella, tampoco se encontraba en su habitación. La joven se levantó como movida por un resorte y corrió dentro de la esfera en la que se encontraba hasta tocar la pared de cristal. No había salida. No era posible. La nieve caía incesablemente sobre su nueva casita de jengibre.

Cayó al suelo, no podía ser posible, tenía que ser un sueño. Pero no lo era. Se tendió en el suelo nevado, llorando por su desdicha. Al mirar arriba la vio. La vieja loca la miraba desde arriba de la bola de nieve, mofándose de ella por haber sido tan necia.

María Moreno Rodríguez, 3º C



¿QUÉ SOMOS?

Aquella mujer paseaba bajo el cielo encapotado de Londres por el barrio de Bloomsbury, llevaba haciéndolo tanto tiempo que no se acordaba de la vez que empezó a ir por allí. Pues en el otoño de Londres siempre hacía lo mismo, caminaba por el barrio hasta la cafetería donde iba con tanta persistencia. El camarero, un amable señor con aspecto mayor siempre la saludaba de la misma manera:

--¿Cómo se ha levantado hoy? ¡Tiene un aspecto espléndido!

La mujer, de semblante brillante y lleno de felicidad, le sonrió y dijo sonriente y con voz dulce:

--Es un día maravilloso. Me he levantado con ganas de dar un paseo y tomar el té, el de siempre. – Mientras le guiñaba un ojo al camarero, este asintió con elegancia y fue hacia la barra.

A la mañana siguiente despertó con el mismo interés y se dirigió al mismo sitio. Pero ese día la cafetería estaba cerrada, no supo qué hacer, cómo actuar, ni adónde ir.

Decidió entonces que era un buen día para probar otra cafetería, así que se decantó por la que tenía enfrente. Al entrar, le sorprendió ver al mismo camarero, parecía el mismo sitio, la misma cafetería. Era extraño, si a la que solía ir diariamente estaba cerrada. Se sorprendió tanto que decidió comprobarlo. Y efectivamente, a la que ella acudía estaba cerrada. ¿Qué podría estar pasando? Se atrevió a ir hacía otra cafetería más lejana pero en el mismo barrio.

No iba con ninguna predicción ni adelantada a lo que sucedería; sin embargo, para su sorpresa, era exactamente igual que la cafetería a la que ella iba. Le pareció curioso y le restó importancia. Decidió entrar, se sentó donde se sentaría normalmente y el camarero del mismo aspecto, le dijo:

--¿Cómo se ha levantado hoy? ¡Tiene un aspecto espléndido!

No respondió, se quedó muda, mirándolo y preguntándose cómo había llegado hasta allí. Pero en su mente no obtuvo respuesta alguna. Se percató de que ella nunca hablaba con nadie, pensó que no tenía una casa donde acudir, las veía por la calle pero ninguna suya, pensó que siempre que iba no había nadie en la cafetería, pensaba que era porque llegaba temprano, pero ¿todos los días?

Esta vez su pregunta fue otra muy distinta:

--¿Por qué no sopla el viento?

El hombre se quedó callado, mirándola, ¿qué respondería? Si decía la verdad, morirían; de lo contrario, si mentía, no sería creíble, así que diría algo irónico para reírse con ella No obstante, ella estaba con un semblante completamente serio. El camarero se decantó por decir la verdad:

--No existimos, somos insignificantes, una mota de polvo en el aire. Por eso, los días son nublados; por eso, no salimos del barrio. Somos polvo en el enorme mundo que nos rodea, atrapados en el tiempo continuamente.

Lucía Zambrana Prieto, 3º B