sábado, 10 de noviembre de 2018

RELATOS DE MIEDO




LA MUDANZA

Luis y María tenían dos hijas pequeñas y aunque les hubiese gustado disfrutar con ellas de los placeres de la vida, tenían poco dinero y no se lo podían permitir. Sus hijas, Marta y María, veían muy poco a sus abuelos porque vivían muy lejos de ellos, así que un día decidieron mudarse cerca donde también habían encontrado un buen trabajo. Como tenían poco presupuesto, compraron una casa vieja que restaurarían en unos meses.

Resultado de imagen de EL ESPEJOCuando se mudaron, se dieron cuenta de que era más vieja de lo que creían, pero ya no les quedaba más remedio que quedarse allí hasta poder arreglarla. El primer día estuvieron instalándose con la ayuda de sus familiares y todo iba bien hasta que se hizo de noche y todos fueron a sus habitaciones. Las puertas crujían y las ventanas chirriaban por la fuerza del viento. A media noche, como la pequeña María no había conseguido quedarse dormida, se levantó para ir al servicio y allí mismo vio reflejado en el espejo una silueta; pensó que era la muñeca que tenía colgada en el perchero, pero cuando volvió a mirar ya no estaba ni la imagen ni la muñeca. ¿Sería efecto del sueño? María fue a tocar el espejo y cuando la palma de su mano entró en contacto con él, sintió que era blando y comprobó cómo poco a poco penetraba su mano en el interior del cristal hasta que la pequeña desapareció.

 Ainhoa García Rodríguez 3D


EL PARQUE

Resultado de imagen de hombres misteriososEra una noche oscura, la luna estaba oculta entre las nubes, había pocas luces encendidas en las calles y las farolas parpadeaban con una llama casi apagada. Fui a dar una vuelta al parque que quedaba justo en la esquina de mi casa. Yo estaba sola, sin ningún tipo de comunicación. ¡Lástima que mi móvil se había quedado sin batería! Comencé a balancearme y , justo en ese momento, el columpio contiguo empezó a moverse solo. Yo pensé que sería el viento. No me fui del parque porque necesitaba estar unos minutos más a solas. Más tarde, desde donde estaba, escuché una voz angustiada de un anciano que me decía: “ Vete de aquí...”. No sabía si era un sueño o el ruido del vaivén del columpio, pero  no me fui. Después volví a escuchar: “Algo malo te va a pasar”. Ya me tuve que ir porque comencé a tener un poco de miedo. Cuando salí del parque miré hacia atrás y vi a un hombre corriendo hacia mí. Yo rompí a correr, pero justo en la puerta de mi casa me estaba esperando otro hombre al que no conocía de nada. Los dos me miraban, solo miraban, no decían nada; pero su mirada era extremadamente rara. No eran unos hombres normales, tenían los ojos blancos y decían palabras raras que apenas podía entender. Salí corriendo, sin embargo, no llegué muy lejos porque me  cogieron enseguida allí en mi calle. Ya desde ese día no regresé a mi casa.
Marta Martínez, 3º A


OIGO PASOS

Me desperté en una noche fría en mi enorme habitación. Siempre había pensado que los fantasmas existían y esa noche una extraña sensación me condujo a esa disparatada idea; pero nada, serían tonterías, así que volví a dormirme.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba para ir al instituto, le comenté a mi madre todo lo que había estado pensando por la noche, pero ella no me hizo mucho caso. Antes de irme dejé mi cuarto recogido y cuando llegué por la tarde estaba todo desordenado y me extrañó mucho. ¿Quién habría estado allí?
Llegó el fin de semana y no salí porque llovía bastante, escuchaba muchos truenos y los rayos iluminaban todo el edificio formando imágenes rocambolescas. Esa misma noche tampoco pude dormir; las mismas ideas paseaban por mi imaginación. Me desvelé completamente a media noche con el aullido de los lobos. En ese mismo instante escuché desde el frío y largo pasillo unos pasos sobre la madera que empezaba a crujir como si fueran pasos de una persona. Los pasos cada vez se acercaban más y más, y cuando llegaron a mi cuarto no quería ni mirar hacia la puerta. Estaba muerto de miedo, me temblaban hasta los vellos que cubrían mi piel. Cuando se abrió la puerta, las bisagras chirriaron y tras un portazo entró un fantasma. Mi reacción fue gritar llamando a mi madre, sin embargo, fue mi madre la que llegó gritando: ¡¡¡FUERA DE AQUÍ MALDITO FANTASMA!!!
Resultado de imagen de fantasmasY el fantasma no se iba, así que mi madre fue a por un cuchillo a la cocina y se lo clavó. No sé cómo lo consiguió, pero por fin el intruso se desvaneció en el aire. Fui corriendo a darle un abrazo a mi madre y le di la gracias por haberme salvado.

Pablo Borreguero, 3º D