domingo, 12 de enero de 2020

YO SOY MANOLITO

Como actividad final, y tras la lectura de Manolito Gafotas (Elvira Lindo), hemos creado un nuevo capítulo de este divertido y cercano personaje. Algunos alumnos de 1º C se han puesto en la piel de Manolito y han relatado algunas peripecias bastante curiosas. Espero que os gusten.


YO SOY MANOLITO
Resultado de imagen de manolito gafotasEl pasado sábado mi padre me llevó al centro comercial donde solemos ir todos los fines de semana. Estábamos los dos en el bar, en el de siempre, donde desayunamos una tostada con jamón y queso, la mejor tostada que se puede comer en el mundo mundial. Pero ese día no era igual que todos los días, había más gente y estaba completamente petado, tanto que apenas podíamos ni coger las servilletas para limpiarnos los restos de queso fundido y aceite que nos rebozaban por la barbilla.
Después de desayunar fuimos a la sala de juegos. Allí nos encontramos a Yihad y me quedé jugando con él. No tardó mucho en enfadarse y liarse a patadas con una maquinita, pues había perdido. Se notaba que tenía ganas de pegarle a alguien y, cómo no, después de dejar K.O. a aquel enorme armatoste, comenzó a darme patadas como si yo tuviera alguna culpa de su enfado. Estaba condenado a llevarme todos los golpes que se le antojaran al imbécil de Yihad. Menos mal que llegó mi padre y me quitó de las manos de ese salvaje. Además, para tranquilizarme, papá me llevó a la nueva película de Stard Wars.
Mi padre, que está bastante gordo, se compró tres bolsas de palomitas, y yo, como no podía ser de otra manera, me quedé casi sin probarlas porque él se las comía a dos manos y caían por partes iguales en su boca y en el suelo de la sala. La pobre limpiadora diría que por allí habían pasado unos cerdos.
Con la pechada de palomitas que se comió, le entraron ganas de beberse tres botellas enteras de agua, así que tuvimos que bajar a la planta de abajo para que bebiera en la fuente. Después de estar esperando que mi padre saciara su sed, fuimos a la nueva tienda que habían inaugurado.  Allí entramos los dos, pero apenas cabíamos. Había un montón de ropa tirada por los probadores, calzados deshermanados, ropa interior por todas partes y de todos los tamaños, colores y formas más variopintas. En la sección de juguetería ocurría lo mismo y yo tocaba todo lo que se ponía al alcance de mis manos: videojuegos, juegos de mesas y muchas cosas más.
De repente, dejé de ver a mi padre, estaba perdido, no se veía nada entre toda la gente que había por allí. Antes de salir de aquella aglomeración sentía que me ahogaba entre toda la multitud; y para más, perdido de mi padre. Estaba muy preocupado. Allí me llevé en la entrada esperándolo más de dos horas hasta que lo vi desde lejos, sumergido en la sección de ropa interior.  Cuando me acerqué tenía entre las manos unas bragas de señora, qué curioso, pensé yo para mis adentros; pero cuando vio que me acercaba cogió unos calzoncillos de flores que estaban justo al lado y soltó las braguitas rápidamente. Le dije que se había olvidado de mí y que tendría que recompensármelo de alguna manera.
Yo, muy enfadado, lo cogí y nos fuimos de vuelta a casa; y nada más llegar le dejé dos cosas claras a mi padre: que yo ya sabía que regalarle en su cumpleaños ,es decir, los calzoncillos de flores y unas bragas de colores; y que se pusiera un localizador en la cabeza para que no se perdiera más en un centro comercial. (Javier Vargas Ortega 1ºC)
Resultado de imagen de manolito gafotasPronto se pasó el finde y regresé al cole, como todos los lunes. Quedaban treinta minutos para que terminara la clase cuando la sita Asunción nos explicó sobre un trabajo que teníamos que realizar para la próxima semana. El trabajo era por parejas y consistía en crear una redacción sobre algún tema que nosotros eligiéramos. El Orejones, mi mejor amigo, aunque a veces es un cerdo traidor, me preguntó que si quería ponerme con él y yo le respondí que sí, aun sabiendo que yo haría todo el trabajo. Sonó la sirena para irnos y quedamos a las cinco y media en la plazoleta del barrio para después irnos juntos a la biblioteca.
Cuando llegué a mi casa, el Imbécil estaba llorando, cosa que no me extrañó, pero aun así pregunté el porqué de su llanto. Mi madre me dijo que era porque no se quería comer las lentejas. A mí tampoco me gustan, pero me aguanté y me las tragué rápidamente para poder irme cuanto antes y no tener que escuchar al imbécil de mi hermano ni un minuto más. Me colgué la mochila y me fui a la plazoleta, me quedé allí sentado en un banco, miré el reloj y ya eran ya las seis menos cuarto y el Orejones no aparecía; supuse que con el despiste que tenía me estaría esperando en la biblioteca. Cuando llegué a la biblioteca estaban allí todos los de mi clase y, efectivamente, también estaba el Orejones López. Cuál no sería mi sorpresa que este cerdo traidor estaba haciendo el trabajo con Yihad. Mis ojos se abrieron como platos y me entraron ganas de ir y darle un buen bofetón. ¡¡¿Quién se creía para dejarme plantado de esa manera?!!
-¿Qué haces aquí?- le dije
- Pues haciendo el trabajo- me contestó tan pancho.
- ¿Con Yihad? - le pregunté
- Sí- afirmó sin dar ninguna explicación.
Pues como la cosa parecía ser verdad, me fui corriendo para mi casa y cuando llegué se lo conté a mi madre. Ella me dijo que no le diera importancia, que hiciera el trabajo con otra persona, y que lo perdonara. No sé si me lo dijo de verdad o simplemente para que la dejara tranquila, porque no la dejaba hablar por teléfono. Mi madre es muy aficionada a las llamadas telefónicas y ahora también se ha aficionado al wasap y al Facebook. En cualquier caso, tenía razón, era mi mejor amigo y no iba a enfadarme por un estúpido trabajo; ahora bien, mañana en clase no pensaba hablarle.
Como por lo visto yo ya no tenía compañero para hacer el trabajo, iba a tener que hacerlo con la única que no tenía pareja, es decir, con Jessica la Gorda, que ya no está gorda. La maestra nos dejó tiempo para elaborarlo en clase. Al principio ninguno hablaba, hasta que me preguntó sobre qué quería hacerlo; yo le dije que me gustaban los deportes, pero que verdaderamente no me importaba de lo que fuera; ella me dijo que le parecía bien sobre deportes. De repente, empezó a decir un montón de ideas y cosas que podían encajar genial con la redacción.
Al día siguiente hicimos nuestra exposición y juntos conseguimos sacar un  trabajo de sobresaliente, mientras que al Orejones lo suspendieron porque no pudo realizar su exposición con Yihad. Después de todo no pensaba burlarme de él porque en el fondo es mi amigo y me daba pena. ¿Ahora entendéis por qué le llamo el cerdo traidor?  (Aitana Borreguero, 1º C)

Resultado de imagen de el orejones lopezAl salir de clase ya no sentía ningún rencor y además llevaba una sonrisa de oreja a oreja por el sobresaliente en el trabajo con Jéssica la Gorda. El Orejones me acompañó, como casi siempre, y tomamos por un callejón por donde casi nunca pasaba nadie, salvo nosotros que vamos acompañados y nos protegemos el uno al otro con nuestros superpoderes. Ese mismo día habíamos escuchado ciertos rumores sobre ese lugar. La gente decía que en ese callejón había un bar de mala muerte a donde iba muy mala gente, sobre todo “drogaditos”. Yo sabía que mi abuelo también iba  allí, pero mi abuelo no es “drogadito”, mi abuelo solamente está de la próstata.
Cuando llegué a casa busqué a mi abuelo rápidamente por todos lados. Le pregunté a mi madre y me respondió sin pensarlo mucho que estaría en su cuarto. Entonces fui rápidamente a nuestra habitación y le hablé como si yo fuera su hermano mayor o su madre:
- Abuelo, no vayas más nunca al bar del callejón porque he escuchado rumores que dicen que hay un “drogadito” y te puede dar con un palo en la cabeza.
- Yo fui el viernes, entré y no vi a ningún “drogadito”—me contestó mi abuelo con mucha sensatez. —Pero para que te quedes más tranquilo no voy a ir más al bar del callejón.

Al día siguiente yo me fui preocupado al colegio con aquella historia, ya que no me fiaba de mi abuelo. Justo en la hora del recreo vino mi madre a traerme el bocadillo pues, por casualidad, se me había olvidado. En esas ocasiones es mi abuelo el que me trae la merienda, la mochila, el libro o lo que se me haya quedado atrás. Sin embargo, había venido mi madre. ¿Por qué? Yo en ese momento empecé a dudar aún más. Cuando salí de la escuela me fui corriendo para mi casa y en la puerta me estaba esperando mi madre para decirme que fuera a recoger a mi abuelo al bar del callejón donde había vuelto a enredarse con sus amigotes. Fue entonces cuando supe que mi abuelo no tenía solución ni para la próstata ni para sus salidas con sus amigos al bar del callejón, hubiera o no “drogaditos”.
(Adrián Moreno, 1º C)
Resultado de imagen de manolito gafotasDe regreso a casa, mi madre me dijo que venía una nueva familia a mudarse al piso de al lado. Además, me dijo que los padres solo tenían una hija de mi edad. Mi madre sabía todo esto porque tenemos una vecina cotilla, la del quinto, que se entera de todo siempre y se lo cuenta a mi mamá porque es muy amiga y tiene que cumplir, como todas las amigas cotillas, con la redacción de las noticias más frescas. Al llegar los nuevos vecinos, iban vestidos con una ropa muy elegante, pero lo que me dejó deslumbrado fue su hija, pues era muy guapa, tanto que me quedé embobado como en esos momentos en los que estás en una nube y nadie viene a bajarte de ella. Cuando lo descargaron todo en su nuevo hogar, y mientras nosotros observábamos por la mirilla de la puerta, mi madre fue a darles la bienvenida, y yo la acompañé porque quería conocer a mi nueva vecinita. La vi y le dije:
-Hola, soy Manolito, tu vecino de al lado, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Paula, encantada.
La cara se me puso roja, y me fui corriendo a mi casa. Al día siguiente en el colegio, le dije a mis amigos que una vecina de nuestra edad se había mudado a la casa de al lado y que era muy guapa. Ellos me dijeron que querían conocerla, así que por la tarde quedé con ella para ir a visitarla con mis inseparables, el Orejones López y Yihad. Cuando llegamos nos invitó a merendar con ella. Su piso era más grande que el mío, no tenía tantos trastos como nosotros y reinaba el orden y la limpieza. Su cuarto era muy bonito y también muy ordenado. Había una muñeca que se parecía mucho a ella y tenía su nombre en la camiseta. Cuando llegó con la merienda, cogió su muñeca y se sentó con ella. Nos dijo que era su tesoro porque fue la primera muñeca que le habían regalado. Paula fue un momento al baño, y en ese instante, el Orejones López cogió la muñeca para verla mejor y, como tenía las manos sucias de la merienda, le manchó la camiseta. Cuando Paula regresó a la habitación y vio su preciosa muñeca sucia, nos echó de su casa a gritos y casi a patadas diciéndonos que nunca más nos invitaría.
Hasta ahora Paula no me ha vuelto a hablar y cuando nos cruzamos en el rellano de la escalera ni si quiera me mira a los ojos. Pues, como dice mi abuelo, ella se lo pierde. (Alba Roldán Jiménez, 1º C)
Resultado de imagen de manolito gafotasAl salir del piso de Paula, mi madre aprovechó, pues aún era temprano, para mandarme al supermercado con mi abuelo. A ella no le gusta que yo vaya solo porque me pueden secuestrar y, debido a lo que yo valgo, podrían pedir una recompensa muy alta. Así que me acompañó mi abuelo y, para no dejar al Imbécil llorando, también vino con nosotros. En diciembre hace un frío de miedo y nos pusimos tan abrigados que casi se nos olvida el Imbécil antes de salir a la calle. Íbamos porque, como la coronela manda, no nos quedaba más remedio. Compramos pan y un roscón de reyes. El Imbécil se portó como un verdadero imbécil, no creía que era tan tonto pero los hechos lo confirmaron: primero lo tocó todo, dejó caer un perfume muy caro, por la cara que puso el encargado del super; y para colmo se hizo caca encima y fue dejando un olor nauseabundo a lo largo de todo el camino de vuelta. Toda la gente encogía la nariz cuando pasaba a nuestro lado, porque mi hermano, cuando se hace caca, se hace notar demasiado, es impresionante el rastro que deja tras de sí. A mi abuelo, al salir del supermercado, se le cayeron las vienas de pan por un agujero que tenía la bolsa justo debajo. Después de las catástrofes que pasaron, por fin llegamos a casa, y mi madre nos preguntó:
- ¿Y la compra dónde está?
- El pan se nos ha caído y el roscón de Reyes se lo ha ido comiendo el Imbécil para que no llorara por el camino – le contesté a mamá entre triste y enfadado.
 Después de oír eso, mi madre me dio las dos famosas collejas que recibo cada vez que hago algo mal o cada vez que ella lo cree oportuno, y encima me castigó todo el fin de semana. Al Imbécil, sin embargo, después de todo lo que había liado, le limpió el culete, le dio dos besos y un abrazo y un apretón en los mofletes. Es lo que tiene ser el pequeño de la casa.
Como cuando me castiga, me aburro hasta el infinito, pues me dio por comer y, como apenas quedó roscón de reyes, me lie todos los Chococrispis hasta que iba a reventar. Por la noche no podía con el dolor de vientre y casi no llegué al váter. Ahora tenía todo el mismo olor que había dejado mi hermano al venir del supermercado. Si es que la sangre es la sangre. (María Sánchez Peña, 1ºC)
Javier Vargas, Aitana Borreguero, Adrián Moreno, Alba Roldán, María Sánchez (1º C); y Patrocinio Navarro Rodríguez, profesora de Lengua y Literatura.

sábado, 7 de diciembre de 2019

POEMAS CON UNA VOCAL


ESCRIBIR CON TRABAS: POEMAS CON UNA VOCAL
La aliteración es un recurso literario que consiste en el uso continuado de un sonido de manera que provoque un efecto sonoro extraño. Nos hemos servido de este recurso para escribir estos poemas con una sola vocal. Parece difícil, pero no lo es, y además es de lo más divertido.  He aquí una buena muestra de los que han creado los alumnos de 1º C y 1º D.


POEMAS CON UNA VOCAL

1
Las amadas matadas cantarán hasta hallar la paz,
Taparán las rajas manchadas tras las almas.
Hablar, hablar, hablar…hasta parar las matanzas.
Para parar, amar,amar.

María Sánchez,1ºC
Libertad Pérez, 1ºC


2
La rata flaca
Va a la hamaca
Para dar la lata
A la vaca blanca.
La vaca blanca
Va a la granja
Para dar la lata
A la gata.

María Rosa Sánchez, 1º D


3
El pez celeste ve el pez verde,
EL verde pez  ve el pez celeste,
Embellecen desde que se ven de frente
Entre redes se ven, redes pertenecen,
Verde pez que entre redes ve el pez celeste.

Martina Calabuig, 1º D
Natalia Bautista, 1º D


4
Yo tomo porros con dos tontos gordos
Yo cojo poco polvo con los dos porros
Con dos zorros locos cojo todo o poco
Por los dos porros yo no como.

Darío Rodríguez, 1º C


5
Yo robo solo como oso,
Voto vox con rollo,
Poso como robot con foto,
Como coco con moto, boto, boto.
Compro ojos como codos rolos,
Molo como brocol rojo,
Lloro con Moro,
Con dolor por hombro,
Voto Vox, so moro,
O robo oro como Pocoyó.

Adolfo Burgos,1ºD
Mario Calvo 1º D



6
La vaca Paca
Avanzaba rara
A la paja para
Cargar larva blanca
Hasta las manchas.
Tras la cargada
Saltaba mala
Hasta la cama ancha.

Gema Fernández ,1º D
Ana Santos Falcón, 1º D


7
Yo no lo cojo,
Yo lo mojo.
No son dos motos,
Son dos mocos.
Yo los coloco,
Son dos cocos.
Yo no los toco,
Son dos locos.

Javier Vargas, 1º C
Silvio Sánchez, 1º C


8
La vaca blanca
Saltaba la valla
Para atrapar
A la mala manada.
A la mañana
Mamá Paca
Cantaba a la rana
Para callar a Ana,
La Flaca.

Inés Sánchez. 1º D
Alba Mª Roldán, 1º D

9
La mamá llama al Papá para
sacar las cabras tras la larga mañana

Alejandro Roldán 1ºD
Iván Rodríguez, 1ºD


10
Las malas armas blancas
Matan a la nana.
A la cama va la nana,
A la casa rara van las malas
A matar a la nana.

Tomás Jiménez, 1º D
Juan Jesús Moreno,1º D


11
Tras la blanca mañana
Las ranas flacas saltaban.
Hasta las vacas altas
Atadas a las casas
Atacaban a las gatas.

Jorge Diego Jiménez 1º D
Nolasco Jiménez 1ºD

Yo tomo los dos porros,
Yo robo dos motos,
Yo choco con los conos,
Yo rompo motos, motos.

Pedro Nolasco Sánchez León, 1º B


Yo, zorro, cojo dos porros rojos
Gordos como mochos.
Con todos los gorros formo dos chorros,
Toco rock, tomo ron,
¡Colocón, colocón!
Todos son osos, osos golosos.
Rompo los cocos, toco los fosos…

Guillermo Muñoz, 1º B


La maldad atrapaba a la amada Samantha,
La sacaba atrás hasta la vasta cabaña.
Allá la maltrataba cada mañana, la mataba.
La maldad capta cada mañana las almas marcadas.
Las almas marcadas, ya fantasmas,
van hasta la santa Samantha.

Rubén Izquierdo Sánchez, 1º B

Para llamar a Sara la santa vas tras las cajas.
Hasta la cabaña acaba la llamada.
Ya acabada la llamada,
 canta llana para aplacar la fama amarga.

Sara Jacobi, 1º B


La rana cansada amaba a Ana,
La rana cantará mañana a la amada Ana.
La cantata alabará las hazañas d´Ana.

María del Alcor Martínez Caraver, 1º B


Ana, la amada, canta a la rana.
La rana amada atrapa a la vaca.
La vaca callada ama a Ana.
Ana da calabazas a la vaca.


Álvaro Roldán Mateos, 1ºB

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Relato de miedo

Los alumnos de Primero C y D se hacen valientes en Halloweem y nos cuentan sus historias más terroríficas. Espero que disfrutéis de las que hemos seleccionado de estos dos grupos.

¿QUIÉN FUE?
 Hola, me llamo Jaime. Cuando fallecí tenía ocho años y ahora debería haber cumplido diez. Llevo aquí desde que tengo conocimiento, en este oscuro, triste e inmenso orfanato: un horrible lugar donde solo había enfermeras desagradables y tristes. Yo no tenía ningún amigo, me sentía bastante solo, nadie me apreciaba ya que todos pensaban que estaba… que yo estaba loco. A lo largo de mi corta vida fui a varios psiquiatras y, efectivamente, no era así, no estaba loco. 
Resultado de imagen de largos pasillos oscurosUna noche me encontraba solo en mi cama, pero un extraño ruido me alertó y de forma precipitada me asomé a ese largo y temible pasillo. En ese mismo momento escuché algo moverse, las luces comenzaron a apagarse y encenderse sin motivo aparente. Tras unos minutos, que se me hicieron eternos, comencé a entender que los sonidos eran pasos que cada vez se acercaban más. En ese mismo instante y de forma repentina los cuadros del pasillo cayeron al suelo haciéndose añicos. Sentía los cristales bajo mis pies descalzos y temía avanzar sobre ellos…Los pasos seguían avanzando, cada vez se acercaban más y más y más y más......y ¡PUM! se cerró una puerta de un golpe seco. Con mucho miedo giré la cabeza y vi una sombra en la pared. Mi cuerpo temblaba de frío, de miedo, de incertidumbre… Escuché una voz que me resultaba conocida, era una enfermera; menos mal, había venido a castigarme por haber tirado los cuadros, algo que yo no había hecho. Tras discutir con ella durante un rato sobre lo que había ocurrido, la enfermera regresó a su cuarto. Volví a girarme para asegurarme de que la sombra ya no estaba, pero seguía allí. Y en ese mismo instante, algo, una fuerza extraña, me agarró por los tobillos e intentó arrastrarme en dirección a las escaleras que conducían al sótano, pero no lo consiguió. Grité con todas mis fuerzas hasta que noté que algo baboso y asqueroso subía por mi cuello. Intenté gritar de nuevo, pero mi voz se ahogaba con la presión sobre mi cuello. Cada vez me costaba más respirar. Cuando bajé la mirada, vi mis pies ensangrentados y no sentía vida en mi cuerpo. Las enfermeras entraron, pero ya era demasiado tarde.
Mi muerte fue una gran ruina para el orfanato; por ello cayó en quiebra y quedó abandonado. Sigo y seguiré rondando por aquí hasta encontrar ese ser monstruoso que me quitó la vida.
Susana Jiménez, 1º D
Mariola Muñoz, 1º D

DESAPARECIDA
Resultado de imagen de telefonos antiguos llamandoEra una tarde normal y corriente en la casa de mi abuela, yo estaba jugando tranquilamente con mis hermanos, pero no sabía el peligro que me rodeaba mirando y acechando entre las sombras. En ese momento tan inesperado de mi vida sonó el teléfono Drim, Drim, Drim, Drim... Mi abuela, apresurada, se dirigió al pasillo donde se encontraba el teléfono, lo cogió y tras un gran silencio y desapareció como por arte de magia.
 Mis hermanos y yo, que no esperábamos aquello, quedamos estupefactos. Investigamos por toda la casa de arriba a abajo, pero no encontramos rastro de la abuela, solo una carta arrugada en la que ponía: “Estáis atrapados. Solo saldrá uno”. Entonces se cerraron las puertas de golpe. 
Yo era demasiado pequeño para comprenderlo; pero, al ver las caras de mis hermanos, entendí la situación: ese podría ser el último momento en el que yo volviera a verlos. Observé a mis hermanos, los cuales entre sollozos exclamaban ¡abuela!¡abuela! La buscaban por todas partes. Cuando ya casi el sol se estaba escondiendo y la casa se llenaba de oscuridad, me uní a buscar a la abuela por mi propia cuenta. Empecé por su cuarto, su sitio favorito de la casa, donde había montones de cuadros en las paredes que nos traían momentos felices y la llenaban de recuerdos de su vida. También estaba ese armario donde ella decía que no nos acercaremos bajo ningún concepto. Sí, sí, ese armario de puertas chirriantes y de una extraña madera arañada por una especie de garra. Su apariencia era escalofriante, pero me llené de agallas de solo pensar que no podría volver a ver a mi abuela y abrí la puerta la cual chirriaba como las ruedas de un tren frenando en las vías. Observé lo que se hallaba en su interior: era una pequeña caja blanca. Llame a mis hermanos y vinieron rápidamente y asustados. Mi hermano mayor, Juan, agarró la caja, le quitó la tapadera y encontró una carta en la que ponía: 
“Este acertijo tenéis que adivinar,
cada fallo cuenta una vida más.
¿Cuántas vidas tenéis?”
Mi hermano mediano respondió:” tres”. Una sombra negra salió del armario respondiéndonos: “Si son tres, la cuarta me la llevo”. En ese momento todos nos dimos cuenta del fallo y del significado de la respuesta. Ya estaba amaneciendo y nosotros estábamos llorando por la pérdida de nuestra abuela. En esos momentos, el primer rayo de luz iluminó nuestros rostros y una voz muy parecida a la de ella nos habló dulcemente: “Disfrutad de la vida porque volverá a por vosotros”. 
Después de setenta años sigo esperando a que esa oscuridad me lleve de una vez por todas para poder despertar de esta gran pesadilla que es mi vida. 
Salvador Bonilla, 1º D
Mateo Morillo, 1º D

EL ORFANATO

Ahora estamos encerradas en el orfanato, ¿queréis saber por qué? Pues todo ocurrió la noche de Halloween del año pasado cuando nuestro grupo de amigos nos reunimos para contarnos historias de miedo. David Ruiz estaba encargado de montar el proyector para ver la película de El Orfanato, y cuando empezamos a verla salió una imagen del mismo edificio de la película. A Bianca se le ocurrió ir al pueblo donde se había rodado, que obviamente estaba abandonado, pero nos pusimos en marcha. Una vez allí, el guarda de las instalaciones nos contó una terrible historia: “Hace muchos años, uno de los huérfanos que había allí se ahorcó por problemas psiquiátricos y traumas, y desde ese momento busca a otros niños para matarlos”.
Resultado de imagen de orfanatosEl edificio era enorme, de color gris con muchas ventanas y una gran puerta. Estaba destrozado, se podía oler el polvo desde fuera. Entramos todos a la vez. Todo estaba oscuro. Justo en el centro había una escalera enorme que conducían a la planta superior. Subimos y observamos a cada lado un estrecho pasillo con varias habitaciones. En cada uno, los muebles y las paredes estaban ensangrentadas, sucias y llenas de telarañas. Lo que más nos amedrentó fue que había una rata colgada del techo, y nuestro amigo Manuel pensó que sería la mascota del huérfano.
Se nos ocurrió dividirnos; mi grupo fue por el pasillo de la derecha. Había muchas puertas rotas con la madera partida y el color desgastado. Entramos en la primera habitación y nos encontramos un cuadro de un niño; nos imaginamos que sería del huérfano, pero no lo sabíamos, y justo al lado de la foto, una cuerda colgada del techo y llena de sangre. Nos entró un escalofrío y de repente vimos que uno de nosotros no estaba, era Claudia, había desaparecido y corriendo fuimos a buscarla.
Nos fuimos por el pasillo del lado izquierdo en el que estaba el comedor. Cuando entramos, había muchas mesas y sillas destrozadas, con sangre por todos lados y también platos y vasos rotos. En la cocina, había un cortacabezas lleno de sangre y, aunque parezca increíble, justo detrás había un cadáver sin cabeza. Asustados, salimos corriendo del comedor y, de repente, apareció un niño harapiento, con un saco que cubría su cabeza. Cuando se lo quitó, pudimos observar que su cara estaba entera quemada y estaba tuerto del ojo izquierdo. Empezamos a correr hacia la puerta para pedir ayuda, pero de pronto se cerró herméticamente. Miramos hacia atrás y allí estaba mirándonos con su único ojo.
Vimos cómo el huérfano se acercaba a nosotros muy lentamente; llevaba consigo varias cuerdas. ¿Cuál era su propósito? No era difícil de adivinar. Así que salimos corriendo y nos encerramos en una habitación, donde estamos justo ahora, y de donde no podemos salir. Ni siquiera sabemos cuánto hace que nos metimos aquí dentro.
Aitana Borreguero, 1C
Alba Roldán, 1ºC

martes, 22 de octubre de 2019

Nos convertimos en objetos



UNA TORMENTA CUALQUIERA
Resultado de imagen de tormentasUna mañana otoñal, tras dormir poco, me di cuenta de que me había despertado en un lugar distinto a mi habitación. Bueno, realmente no estaba en mi casa ni en ninguna otra, estaba en, ¿cómo explicarlo?, era más bien un conjunto de nubes que cubría todo mi pueblo. Y no unas nubes normales, era…! una tormenta¡. Estaba cubriendo todo el pueblo. Veía mi casa, la de mi vecino y muchas otras también. Observé que mi padre estaba recogiendo la ropa que antes había tendido en el jardín. Intenté mandarle señales y, al intentar hablar, expulsé una potente ráfaga de viento que le dejó caer. Se apresuró para meterse de nuevo en casa y no volvió a salir. Formulé la idea de que aún estuviese soñando, aunque es extraño plantearse eso dentro de uno. Me sentía poderoso, aunque echaba en falta a mi familia. Cuando me entraba hambre, absorbía gotas de agua; sin embargo, no saciaban demasiado mi hambre. Probé a lanzar un rayo en el campo y me sorprendí debido a que había despejado una gran área de hierba. Mientras observaba las calles, me fijé en que había algún que otro póster con mi cara, donde se informaba de mi desaparición. Esto me produjo nostalgia y tristeza, y solté un rayo de rabia e indignación sin querer hacerlo. Le di a una farola que cayó instantáneamente sobre un coche, afortunadamente, no tripulado. Me arrepentí y quise irme. De pronto una ráfaga de viento me expulsó de las nubes y aterricé en mi cama. Sentí frío por todo mi cuerpo, me sobresalté y me levanté de golpe. Mi madre vino y me dijo que me despertase, que estaba en las nubes (nunca mejor dicho). Todo había sido una horrible pesadilla.
Rubén Izquierdo Sánchez

UNA HISTORIA PARA EL RECUERDO
Un día, al despertarme, sentí mucho frío. Cuando por fin pude abrir los ojos, me di cuenta de que estaba pegada en una pared. Desde aquella posición solo podía ver un banco en medio de una plazoleta vacía. No sabía qué pasaba, solo podía sentir frío. No me podía mover ni hablar, y a duras penas podía ver. Sentía que pasaba el tiempo y que yo no podía hacer nada.

Resultado de imagen de cartasCuando empecé a desesperarme, apareció un niño pequeño y me cogió en su mano. Me estrujo tan fuerte que sentía que se me doblaba el cuerpo a la mitad. Después de un rato, llegué a otro sitio. No sabía dónde estaba, pero  por fin sentí que me podía mover. Me dolía todo el cuerpo después de haberme llevado tanto tiempo quieta. Creo que incluso habían pasado días. Estaba debajo de una puerta, justo en la entrada de una casa.  Me deslicé hacia el baño. Al rato llegué frente a un espejo y me vi por primera vez…¡¿ERA UNA CARTA!?. No podía ser posible. De repente, pensé en mi familia. ¿Pensarían que había desaparecido? ¿Estarían bien?
Pensé en el camino hacia mi casa, pero claro, no sabía dónde estaba. Tuve la idea de que, si era correo para la persona de esa casa, tarde o temprano me abrirían y a lo mejor podría salvarme.

 Pasaron días, incluso semanas. Yo solo pensaba en mi familia. Y además solo podía comer cosas pequeñas.  Al fin, una mujer entró y me abrió. Solté un grito tan fuerte que se dio la vuelta. Le expliqué mi historia y, resultó ser una hechicera muy famosa. Me volvió a convertir en mi yo anterior y volví con mi familia. Nadie supo nunca lo que había pasado realmente, y creo que era una historia tan rara que nadie me creería.

SARA LÓPEZ SANTOS,1B

NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS


Resultado de imagen de goma de borrarUna mañana, tras un sueño intranquilo, me desperté y no sentía nada y me di cuenta de que era una goma de borrar. Varias preguntas recorrían mi mente: ¿Dónde estoy?¿Por qué no soy yo? Y me di cuenta de que estaba sobre una mesa. Había una niña que era mi hermana y  le intenté decir algo, pero no me escuchaba. A la mañana siguiente me cogió y me llevó dentro de un estuche donde me chocaba con los demás objetos.  Me dolía mucho. Posteriormente llegué al colegio y mi hermana empezó a borrar conmigo. Me quemaba  mucho cuando me frotaba contra el papel. Pero paro de borrar y  dije: ¡por fin! Pero el alivio duró poco tiempo; después otra vez igual. Cuando borró por última vez me rompí y dije: ¡ah! pero…. Nadie me escuchó y siguió borrando hasta que me gasté y creía que había dejado de existir. En ese momento me desperté. Había sido  el peor sueño de mi vida.

Mateo Morillo Roldán
     


 El caso de la muñeca de cristal
Una mañana, tras un sueño intranquilo, me desperté convertida en una muñeca de cristal. Yo no sabía cómo reaccionar y tampoco cómo me había sucedido eso, no podía hacer nada ni moverme, hablar, comer...
Estuve toda la mañana formulando miles de opciones, pero ninguna era lo suficientemente realista para poder ser verdad. Decidí hacer mi día a día en casa, hasta que se me pasara el efecto, porque las muñecas de cristal son muy frágiles. De repente, vi en la televisión las noticias, ¡Todo mi vecindario estaba convertido en objetos como yo!
Lo que había sucedido era que un brujo del oriente nos había echado un hechizo malvado. Por suerte la policía le pudo detener y le arrestó durante el resto de su vida. Al rato estábamos como personas normales yendo al Instituto.
♡Fin♡
Ruth Barrios Peña, 1°ESO I.E.S Profesor Juan Bautista


 TODO UN MOBILIARIO
Armario dos puertas madera pino color mielUna mañana, tras un sueño intranquilo, me notaba un poco extraño, pero fui al baño y cuando me iba a cepillar los dientes...me vi, y aluciné como nunca lo había hecho. Mi cabeza era un despertador azul, mis brazos eran teléfonos móviles, mi tronco...¡era un mueble!, y mis piernas eran sillas. No me lo podía creer, cada dos minutos me vibraba la cabeza, y mis brazos sonaban como si no hubiera un mañana... Lo peor de aquello era el partido del jueves, faltaba un día, ¡y yo...! era un cúmulo de objetos! De repente, llegó un mensaje con unos códigos a uno de mis "brazos", lo miré y.… poco a poco volví a ser humano.

Raúl Marrón García


NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS
Una mañana, tras un sueño intranquilo, me desperté convertida en una muñeca. Estaba tumbada en mi cama y al levantar la cabeza vi cómo mis brazos y piernas estaban rígidas. Cuando intenté levantarme, mis piernas no respondían. Miré a mi alrededor y comencé a gritar, nadie me escuchaba.
Resultado de imagen de muñecaMi madre entró a la habitación, hizo la cama, recogió mis cosas y me colocó junto a la puerta. Vi pasar a mi hermano, me hizo burla y se metió en el baño. Un poco después mi padre pasó por delante y me dio una caricia en la mejilla, mi madre me cogió del brazo y me llevó hasta la cocina.Desayunaron todos menos yo, y nos fuimos en coche hasta la sierra.
El río, los pájaros, las ardillas, mi perrita Manchita y toda mi familia en movimiento, jugando, saltando,… y yo sentada sobre una piedra, igual de rígida y dura que ella.Volvimos cuando el sol se escondía tras la montaña y no pude soltar una sola lágrima, no me salían ¡Qué triste!
Luz María Jiménez Acosta,1ºD
NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS
Una mañana, tras un sueño muy profundo. Me desperté y sentí como si algo se moviera en mí. Un ruido de tic-tac  no paraba de sonar. Cuando ya abrí los ojos bien, no estaba en mi cama, ¡estaba en la pared colgada! No era una estantería, ni una muñeca, ¡era un reloj! Era mi reloj rosa que estaba colgado en la pared de mi habitación. Cuando me miré en el espejo grande por quinta o sexta vez, me volví histérica. Me hice un montón de preguntas: ¿ Y si no volviera a ser una persona?¿Qué iba a ser de mí?
 Pasaron horas y horas y yo no sabía cómo volver a ser una persona. Mi hermana entró en mi habitación y yo intenté con esfuerzo hablar y lo conseguí.  Se dio cuenta de mi extraña apariencia y le conté todo lo que había ocurrido. Mis padres estaban preocupados, pero mi hermana les contó una mentira y se lo creyeron. Al día siguiente cuando me desperté, ¡ya era una niña normal! Ya se pasó todo. Desde ese sueño ya no volví a tocar un reloj, porque estaba ya harta de estar entre tuercas y tornillos.

Susana Jiménez Rodríguez