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viernes, 27 de mayo de 2016

EL FUEGO DE LA MEMORIA


BOLKING, MI PERRITO

Era mi amigo. Lo llevaba a todo lados incluso a Sevilla. Cuando tenía pesadillas me acurrucaba con él. Siempre estaba con él porque me lo dieron mis padres, que lo tuvo mi hermana y mi hermano y estaba un poco destrozado pero le hicimos unos pocos de arreglillos. Siempre cuando me levantaba y me lo llevaba a desayunar y a hacer mandados . Cuando estaba en el carrito siempre le contaba mis sentimientos.
Hasta ahora casi no lo utilizo para nada pero cuando lo veo
me recuerda a mi infancia . Lo tuve 11 años conmigo y se rompió mi madre lo arregló.

CRISTIAN

CONEJO DE PELUCHE

Yo tenía un conejito de peluche con un pijama de rayas azul y blanco . Siempre dormía con él. Me quitaba mis pesadillas. Cuando se rompía, yo lo cosía. Siempre estaba conmigo en los malos momentos y en los buenos y juntos jugábamos al fútbol. Cuando me iba, él se ponía triste y yo también me ponía triste pero cuando llegaba él y yo nos poníamos contentos. Con mis otros peluches jugábamos a las peleas y siempre ganábamos los dos. Veíamos los dibujos juntos.
Pero ya aunque yo me haga mayor nunca me olvidaré de él. 
IVÁN 
 
PISTOLA DE BOLAS

Yo tenía una pistola de bola que me compré en el tirito pichón hasta que un buen día me fui a comer al CASTILLO y me llevé la pistola. Le estaba tirando a las botellas de cristal. Nos fuimos al río y en el puente le pegué un tiro al aire y le dio a mi primo. Se me cayó la pistola al río y nos caímos y nos bañamos en el río.

Javier

MI GORRA

Me da súper buenos recuerdos porque me la regalaron de muy pequeño para mi cumpleaños. Siempre de pequeño me la ponía mucho .Y cada vez que la veo me da mucha alegría y a la vez trizteza. La gorra me gustaba mucho era negra y azul marino. La tengo en mi habitación de dormir. Ya es muy pequeña para mí pero la voy a conservar toda la vida para cuando tenga un hijo la disfrute igual que yo.

José Antonio










domingo, 20 de marzo de 2016





Si tienes algún recuerdo escondido, seguro que esa muñeca, ese olor, esa flor o esa canción te lo traerá a la memoria y te hará disfrutar unos minutos con la evocación del tiempo pasado, pero nunca perdido.


Vaquita de peluche 
Muchas veces, cuando veo mi vaquita de peluche me vienen recuerdos de mi infancia porque fue mi primer peluche y me lo regalaron en mi nacimiento. Suelo recordar cuando jugaba con  ella como si fuera mi mejor amiga o como si tuviéramos una conversación, le decía muchas veces a mi abuela que me hiciera camisetas de lana para ponérsela,  y yo, tan contenta, cada día la cambiaba con una camiseta distinta. A veces, me la llevaba al parque o también jugaba por las tardes en mi casa a la fiesta del té y con mis tacitas de porcelana me imaginaba la leche, el azúcar y el té, o cuando los viernes veía películas y cogía mi vaquita de peluche y la veíamos abrazadas juntas como si ella también la viera o dormíamos juntas. 
Le contaba mis secretos como si me escuchara, me la llevaba al médico cuando estaba malita, porque con mi peluche sentía mas seguridad. Compartí momentos de mi infancia únicos e inolvidables con aquel peluche. Me encantaba jugar con ella y todavía hay veces que por las noches duermo con ella, recordando mi infancia y lo mucho que me podía divertir con un simple peluche que para mí, hoy en día, significa mucho.

Rocío González, 1º C

LA TIZA BLANCA
La semana pasada, cuando iba caminando con mi hermana dando un simple paseo me acerqué a un parque que estaba repleto de niños pequeños, de los cuales, unos jugaban con una pelota de plástico, otros con las atracciones de ese parque… Pero lo que más me llamó la atención fueron unos niños que jugaban con una tiza blanca, dibujando casitas, muñequitos, estrellitas y algunas cositas más. Fue entonces cuando se me vino a la mente un gran recuerdo de cuando era pequeña. Me acordé de mi escuela, en infantil, tendría unos 4 o 5 años. Tenía mi “babero” puesto, era rojo casi naranja con cuadros blancos. A esa edad mis amigos y yo jugábamos a cualquier cosa en, un recreo de once y media a doce y media, ya que teníamos mucha imaginación. Solíamos jugar a las “casitas”, al “pilla-pilla”, al “escondite”, a las “carreras”… Entre esos tantísimos juegos, uno me encantaba. Consistía en pedirle algunas tizas a la conserje, que se llevaba bastante bien con nosotros. Cuando ya poseíamos algunas tizas era hora de darle vida a nuestra creatividad. Era entonces, el momento de ponernos a pintar. Los profesores nos dejaban así que no había problema. Aunque el suelo estaba dividido en grandes cuadrados, nosotros aún así, los repasábamos con las tizas blancas. Jugábamos a que éramos médicos y cada cuadrado era una consulta. Aprovechando que teníamos los baberos lo usábamos como las batas que ellos tienen. Era muy divertido. Otro juego que también era muy entretenido, era el de arqueólogos y teníamos que buscar dinosaurios. Para este juego nos acercábamos a los arriates de los árboles y buscábamos unos palos finitos para usarlos cómo brocha o lupa, lo que se nos ocurriera. Decíamos que el dinosaurio podía ocupar, por ejemplo, 3 cuadrados y averiguar qué tipo era. Con la tiza blanca, dibujábamos muñecos o casas. Hablando de muñecos, recordé también cuando con mi prima de Huelva, dos años y medio más grande que yo, fuimos a Torremolinos y en la playa, con el dedo, dibujábamos muñecos y poníamos nuestros nombres. Al recordar eso, se me vino a la mente una noche de esas en Torremolinos con mi prima, mi primo, mi hermana, mis padres y mis tíos. Ella llevaba un vestido blanco y yo unos pantalones vaqueros con una camiseta blanca. Comimos en un restaurante todos juntos, no recuerdo bien que restaurante era porque hace ya bastantes años. Después de cenar fuimos al paseo marítimo, donde ambas nos compramos un helado de chocolate. Con los juegos y todo eso, nos manchamos las dos. Nuestros padres se empezaron a reír. Fue un momento muy gracioso, incluso nos echaron una foto que aún guardo en mi habitación. Ella también la tiene colgada en su cuarto, al lado de muchísimas fotos que tengo con ella de pequeñas.
Escuché la voz de mi hermana diciéndome que anduviéramos más ligeras, que nuestra madre nos estaba llamando. Al parecer había estado recordando muchas cosas de hace años, aunque todo el gran recuerdo viene de “La Tiza blanca”.


Marta Rodríguez.1ºC
Barriguitas
Me da buenos recuerdos las barriguitas. Al verlas me recuerda a mi infancia, cuando jugaba todas la tardes con ellas y me divertía, cuando lo único que quería era comprar más y más de ellas. Siempre las quería de color rosa, tener el hospital, la casa, el coche… Todo. Ahora pienso que no sé cómo ahora puede estar sin jugar, si antes estaba todo el día jugando con ellas. Me las llevaba a la ducha, a la cama, al campo… Tenía una colección, que ahora sigo manteniendo. Con mis primas, que son de mi misma edad, cuando jugábamos nos intercambiábamos una por otra. Las montábamos en coches y motos que teníamos y nos las llevábamos a dar una vuelta. Otras veces nos íbamos al corral, cogíamos una cuerda, las atábamos y corríamos por todo el corral, a quien se le cayera primero perdía. Las que yo tenía eran casi todas rubias con ojos azules, la vestimenta era camiseta, falda, pantalones o vestido. Los hombres eran con el pelo oscuro y ojos marrones, algunos con zapatos, otros con uno y otros sin ninguno. Siempre los perdía. Tenía un montón de accesorios como: bolsos, collares, maquillaje… y bueno todas esas cosas y más hacía cuando jugaba con ellas.
Paula Marín, 1º C

Nuestra canción
En cuanto subí al coche, puse la radio. Solo escuchar el principio y ya sabía que canción era. Esa canción que se escuchaba me recordaba a mi madre, a la persona que me cantaba con alegría, que me cogía de la mano y me ponía a bailar. En ese instante recordé los momentos junto a ella, cuando llegábamos a casa de mi abuelo y nos poníamos ella y yo a cantar. Esos veranos rellenos de canciones y momentos inolvidables. No pude parar de tararear esa canción en todo el día.
Laura Lavado. 2ºC

La vieja armónica 
Era un día de invierno, mi abuela estaba preparando el almuerzo y yo mientras le hacía compañía en un viejo taburete que tenía en la cocina junto a la mesa. Con las sobras de los trozos que cortaba yo iba haciendo “comida” y le preguntaba una y otra vez a mi abuela que si tenía buena pinta, ella para alegrarme con una sonrisa en la cara me decía que sí. Justo cuando terminó de preparar el almuerzo nos sentamos junto a la chimenea a esperar a que mi abuelo regresara del campo y me peló varias castañas. A la media hora o así alguien silbó, parecía un colibrí y seguido dio dos toques en el cristal de la puerta, fui corriendo a abrir, ya que sabía que era la costumbre que tenía mi abuelo al llegar a casa. Nos sentamos a almorzar, todo estaba riquísimo. Mientras, hablamos de lo que salía en la televisión: un grupo de hadas que tocaban diferentes tipos de instrumentos. A mí me llamo la atención una en especial , estaba tocando una armónica dorada, parecía de oro, era hermosa. Le dije a mis abuelos que me encantaba. Después de comer, comencé a hacer los deberes, mi abuelo me dijo que cada esfuerzo tiene su recompensa. Él se fue al campo donde pasa el mayor tiempo del día ya que le encanta cultivar y sembrar cosas. Cuando volvió me trajo una armónica azul, aunque no fuera dorada como la del hada que aparecía en la tele me gusto aún más…Comencé a tocarlo con mucha emoción y sin parar, era un sonido muy, pero que muy, agradable; volé al cielo y allí me encontré con esas pequeñas hadas. Yo buscaba a la más especial, a la que tocaba la armónica para que me enseñara algunas notas y poder tocar bien. Todo esto estaba en mi mente y sabía que no estaba pasando en la realidad pero yo era igual o incluso más feliz porque tenía lo que más deseaba en ese momento , la armónica. Cuando mi madre llego de trabajar y me recogió, le conté todo con pelos y señales. Ella reía junto a mis abuelos. Al llegar a mi casa se lo conté todo a mi padre y a mi hermana también. Me pasé tocando a todas horas y todos los días la armónica, mi madre ya me llamaba pesada. Cuento esto porque en las noticias salió un coro y salían personas tocando la armónica. Me parece una historia bonita y para el recuerdo, siempre se lo voy a agradecer a mi abuelo. 

 Lorena González, 2º C
 

domingo, 7 de junio de 2015

El fuego de la memoria

Cuántas veces no hemos recordado nuestra infancia gracias a un aroma de la naturaleza, a una imagen que vemos en una fotografía, a un sonido que nos llega de forma suave y sin esperarlo. He aquí algunas de esas evocaciones de los alumnos de Segundo de Carolina Valero, y de Tercero de Diversificación de Elena, la profe de Historia.


La medalla
Al entrar en mi habitación, justamente en el cabecero de mi cama, se puede apreciar la preciosa medalla que guardo desde que era pequeña; la medalla de la hermanda de Nuestra Señora de los Dolores. Esta medalla me transporta de nuevo a esa mágica semana donde se recuerda la pasión de Cristo, la Semana Santa. Cada vez que la veo recuerdo el sonido de las trompetas y de los tambores retumbar por las calles, el dulce olor a incienso....Vuelvo a sentir esa emoción, esos nervios, ese deseo de que llegue ese Viernes Santo en el cual vuelvo a ver a la Virgen más bonita que he visto nunca, los Dolores, la única Virgen que me hace derramar millones y millones de lágrimas solo con ver su rostro pálido. La espera de que llegue ese día se me hace eterna y lo peor es que cuando llega, se me pasa volando, las horas del recorrido parecen segundos porque cuando me quiero dar cuenta, ya me encuentro dentro del convento viendo desde allí los últimos minutos que quedan para que se encierre una de las cosas que me motivan a seguir adelante cada día con una sonrisa.
Aun siento ese día como si fuera ayer, ese 3 de Abril del 2015, a las 6 de la tarde, cuando me ponía ansiosa mi traje negro, mi capa blanca, mis escudos y por supuesto, mi apreciada medalla mientras sentía un enorme cosquilleo por mi cuerpo, como si millones de mariposas recorrieran mi estomago de arriba hacia bajo. Solo faltaban unas escasa horas para encender la vela, comenzar el recorrido, ver asomar el palio dorado por la puerta del convento y mis ojos empezar a nublarse por cada segundo que pasaba.
Es inexplicable lo que siento cuando veo su cara iluminada por las velas, su saya blanca, su palio oscuro y dorado...es un cumulo de sensaciones que me llegan cuando veo la forma tan bonita con la que los costaleros la mecen mientras suenan de fondo las preciosas marchas de semana santa. Cada vez que la miro, mis ojos sueltan una lágrima tras otra, me pregunto por qué lloro, y la verdad, no lo se, nunca me canso de mirarla y de llorar. Desde que era pequeña, siempre me he sentido vinculada con esa virgen. Nunca quiero que ese día termine. Cuando la veo encerrarse, es como si un puñal se clavase en mi corazón, aunque me duelan los ojos de tanto llorar, sigo llorando porque ese día tan bonito, tan especial,tan esperado se acaba y tengo que volver a esperar otro año para poder ver a mi señora por sus calles.
Claudia Contreras
 
EL BÚHO
Cada vez que escucho ese sonido tan común como la vida, un sonido cautivador que me llevaba a mi infancia, vuelvo a vibrar como una niña. Ese sonido agudo me transportaba a Ibiza, pues solía dormirme y despertarme con él. Mientras tanto a través de mi oído y mi mente buscaba de dónde provenía ese sonido tan hermoso. Se trataba de un búho pero no uno cualquiera; era el búho más hermoso que había visto. Cada vez que lo escuchaba salía a la terraza, ese sonido me atrapaba junto con la brisa del mar y el olor de los árboles.
Cuando mi madre salía de su jornada me llevaba a mi playa favorita. Allí el ruido de las olas al chocar contra los acantilados, mojar los pies en la orilla, el olor a mar, la brisa que suavemente acariciaba mi rostro, hacía que me sintiera completa en ese lugar. Era como si estuviera en mi casa, como si el mar, el océano fuesen mi hogar. Me devoraba una fuerza interior tan penetrante cada vez que me fundía en él. Solía jugar con las olas, ellas y yo, como si nadie más existiera en este mundo.
Recuerdos incesantes me llevan a aquel verano en el que mi padre me llevaba de cala en cala junto con mi hermano descubriendo esa isla tan misteriosa. Cogíamos cangrejos en las rocas. Nos bañábamos alegres junto a ellas con la tensión de que la fuerza del mar nos hiciera chocar contra lo bordes mojados. No creía posible que cupiera un sentimiento tan único tan irrompible como una vara de hierro.
El mar, ese es mi lugar, tan frío como el hielo pero tan cálido y acogedor como un peluche. Desearía volver a ese lugar con todas mis fuerzas, esa etapa de mi vida donde nada importaba ¡Eramos niños! nada nos afectaba. Solo teníamos que jugar, hacer amigos y pasarlo bien. Pero bueno, esa etapa de mi vida acabó, ahora toca mirar hacia delante, mi futuro, descubrir cosas nuevas, aprender de mis errores, caminar por el sendero de la vida y sobre todo, disfrutar.
Ana González

LAS CORRIDAS DE TOROS Y LAS CARTAS
Ayer encontré una baraja de cartas en un cajón. He recordado cuando iba a casa de mis abuelos. Mi abuelo estaba todo el día viendo los toros cuando los ponían por la tele. Y cuando no veía los toros, estaba jugando a las cartas.

Cuando iba a su casa, mi abuelo me decía: Antonio, vamos a jugar a las cartas, y yo le contestaba; ¡venga! Siempre me ganaba a la “brisca” y al “burro”. Me enseñó a jugar a las cartas.
Cuando estaba él solo, jugaba al “solitario”.
Gracias a él, juego a las cartas bastante bien, y me gustan los toros.
Antonio Pachón
3º Diversificación

 
LAS MORAS...

Me recuerdan a cuando mi hermana, mis primas y yo éramos pequeños.
Su sabor dulce y fresco me traslada al pasado, porque casi todas las tardes de primavera, mi madre, mi hermana y yo nos íbamos a casa de mis primas.
Allí tenían dos grandes moreras, una tenía moras muy cerca del suelo y a la otra le salían muy pocas moras, pero tenía muchas ramas.

Lo primero que hacíamos en las tardes de primavera era comer moras hasta no poder más de una de las plantas. Luego nos íbamos al otro moral y nos montábamos en sus grandes y bajas ramas; entre ellas nos poníamos a jugar al escondite, las casitas, al pilla pilla, y a otros muchos juegos mas.


Hoy en día las tardes de primaveras son muy aburridas sin mis primas, hermana y sin aquellas dos grandes moreras donde jugar y merendar.

Rubén Sánchez
3º diversificación

 
                       LOS OLORES DE MI NIÑEZ

Al llegar a la frutería y llegarme ese olor peculiar a fruta, no tardo ni
un instante en venirme a la cabeza miles de recuerdos de  cuando tenía 4 o 5 años.
Todos los sábados por la mañana mi madre me despertaba y venía mi
abuelo a recogerme. Nos montábamos en el coche y nos íbamos a la
plaza, al mercado. Entrábamos a una pequeña plaza llena de puestos de fruta,
pescado, carne... ,y en el centro había una gran fuente de piedra.
Mientras mi abuelo compraba me dejaba ir a tocar el agua.
Me encantaría volver a aquellos sábados de mi niñez
Lorena Vargas
3º diversificación

 
MI ABUELO
Aquella mañana cuando estaba en la ferretería comprando tornillos, vi aquel martillo en aquella estantería. Era igual al que tenía mi abuelo.
Inmediatamente me recordó  aquellas mañanas de verano calurosas cuando me iba a su casa a hacer manualidades con él.
En aquella habitación pequeña llena de herramientas por todos lados me lo pasaba “super bien" cuando él me daba el martillo para poner los clavos en aquellas cocheras de madera que construía para mis coches de juguetes.

Adrián Díaz

 
MI NIÑEZ

Al ver a los más peques del cole jugar en el patio con la “seño”, la imagen acudió a mi mente.El lugar estaba exactamente igual que hace 16 años. Patio con fachadas pintadas infantiles, para niños: flores, personajes de dibujos animados, coches.. , naranjos en flor, profesores llamando la atención con el silbato, niños jugando a juegos populares, peleando o cantando.
Todo esto era mi felicidad en mi niñez.
Me encanta observar cada vez que puedo a todos estos niños, para que mi memoria navegue hasta mi infancia. 
                                                                       Paula Cabello, 3º diver.   
3º de Diversificación



 
TARDES DE VERANO

Cada tarde de verano que veo a mis vecinos pequeños jugando en la calle me recuerda a cuando yo era como ellos y salía también a jugar.
Los niños sacaban una pelota para jugar al fútbol, pero a las niñas no nos gustaba ese juego y preferíamos jugar a la gallinita ciega, al pilla pilla, etc...
Cuando las vecinas nos echaban de la calle porque los niños daban balonazos, nos íbamos a un parque que había a escasos metros de la casa y allí pasábamos las tardes de verano jugando sin parar.

Cristina Pachón
3º Diversificación

jueves, 26 de junio de 2014

El fuego de la memoria

Continúan los recuerdos, en su rutina, trayendo a nuestra memoria algunas historias entrañables. 


EL CHUPA-CHUPS

Una vez vi un chupa-chups en una tienda de chuches. Era  rojo y verde y estaba colgado de una guita. Cuando lo vi  me recordó muchísimo al que me regaló mi abuela el día de  San Valentín. Desde ese día lo tengo colgado en el espejo de mi cuarto. A pesar de que ya no está, cada vez que lo veo me acuerdo de ella.


Mª  Dolores Reina Guerrero. 3º Diversificación

TE HE ECHADO DE MENOS
Cada vez que estoy en la soledad de mi habitación y suena esa canción ,"Te he echado de menos", me acuerdo de esas tardes de verano en Ibiza, cuando nos íbamos mi primo y yo a la playa. En especial recuerdo aquel día en el que fuimos a dar una vuelta en una barca de plástico que teníamos.

Un día se nos pinchó y tuvimos que nadar durante un buen tiempo hasta que llegamos a una pequeña playa que estaba escondida. Allí había unos seres muy raros que vestían  todos de  blanco y negro. Al vernos con nuestras ropas de colores se quedaron muy extrañados. Rápidamente, mi primo y yo pensamos que estábamos en un sueño. Pero no, estábamos en medio de una especie de fiesta que tenían montada aquellos seres. Pero era un poco triste porque no tenía música ni nada.
 Entonces, decidimos hablar con Mi-Mi uno de los seres más jóvenes que encontramos allí. Le preguntamos que de dónde eran. Ella nos dijo que eran de otro planeta, que todos los años venían a ese lugar a celebrar la fiesta del sol.
Conversamos durante horas y, de repente, nos dimos cuenta de que ya era tarde y que deberíamos regresar. Decidimos llamar a casa desde el móvil, pero el teléfono comunicaba. Esperamos un rato hasta que nos devolvieron la llamada. Entonces sonó esa canción. Todos se quedaron un poco extrañados al ver que de una cosa tan pequeña saliera una voz. Por eso, cada vez que suena, me acuerdo de Mi-Mí la que ahora es una de mis mejores amigas, ya que cada año vamos con esos seres raros a celebrar la fiesta del sol.

Arabia Suárez Carmona. 3º Diversificación



         Una foto, un recuerdo
Estaba ordenando el desván con el fin de encontrar el baúl de los disfraces, cuando apareció una caja llena de fotografías antiguas. Me puse a verlas y eran mías de pequeña. Todos estaban mucho más jóvenes, cómo se notaba el paso del tiempo, pensé.

En las fotos salíamos en la playa , en la comida de Navidad, en el Zoo… Pero había una foto que yo no sabía de su existencia. En ella salíamos mi madre y yo. Estaba embarazada de mi hermana. Creo que en esa foto estaba ya de 7 meses. Salíamos las dos en la playa.
La foto me recordó a cuando mi madre me dijo que iba a tener una hermana. Me lo contó una mañana de Junio. Fuimos al médico mi abuela y yo acompañándola. Ella entró en  la consulta y cuando salió nos lo comunicó. Fue una noticia que no esperaba.
Después de recordar aquello, guardé todas las fotos menos aquella fotografía. La puse en mi habitación.
Ana Moreno Guerrero. 3º Diversificación.