Imagina que despiertas un día y tú ya no eres tú, eres un zapato, unos pendientes o una pantalla de ordenador. ¿Qué ha ocurrido con tu cuerpo? ¿Cómo has llegado a ese estado? Pues eso es lo que les ha ocurrido a los personajes de estos microrrelatos. Los alumnos de 1º D han disfrutado con su producción, espero que a vosotros también os gusten.
NOS CONVERTIMOS EN OBJETOS
SOY UN RIFLE
Me desperté en medio de la selva y vi que estaba en la espalda de un hombre. No podía saber quién me había colocado allí. Me preocupé bastante, ni era yo ni sabía cómo volverme humano. En aquel momento sentí una mano sobre aquella espalda, se acercaba a mí. Me levantaron, apuntaron conmigo y en ese momento me percaté de que era un rifle . Apretaron el gatillo y dispararon a un león. Yo disparaba por la boca. No podía hablar ni moverme ni mear , solo me usaban para disparar.
Un día, mi amo estaba cansado de usarme y quería deshacerse de mí, así que me tiró a la trituradora. Segundos antes de caer al fondo de la máquina, me desperté ; solo había sido un sueño.
Carlos Lúquez, 1º D
Soy un bolígrafo
Me desperté aquella mañana y me sentía muy rara. En ese momento me acordé de que el día anterior me había comido un kebab con salsa blanca cuyo sabor era muy raro. Pensé que era un sueño y en ese momento me pellizqué la mano y sentí dolor, así que todo era verdad. Todo se complicó cuando mi hermana me metió en su estuche, donde todo estaba muy oscuro. Cuando ella llegó a clase, empezó a escribir con el bolígrafo.¡¡¡ QUE ERA YO!!! Sentía que cuando rozaba el papel yo me quemaba tanto que llegó un momento en que me desmayé.
No sé el tiempo que pasó, pero al despertar sentía mi
carne suave y blanda, ya estaba en mi cuerpo otra vez. No me lo pude
creer hasta que me miré en el espejo y empecé a saltar de la
alegría después de un dia tan agotador y de aventura.
Hiba Minai, 1º D
El zapato encantado de la Feria de Mairena
Era la Feria de Mairena… ¡Qué bien me lo estaba pasando!
Las luces brillaban, la música sonaba por todas partes y el aire olía a algodón de azúcar y churros recién hechos. Todo iba perfecto… hasta que fui a montarme en una atracción y discutí con una mujer que quería colarse.
Ella comenzó a decir muchas palabras extrañas, levantando las manos hacia el cielo:
—¡A los dioses del cielo, abracadabra… aaaa!
Entre todas esas palabras, escuché una muy rara:
—¡Que te conviertas en un zapato!
Yo, por supuesto, no creí nada de lo que decía. Pensé que solo estaba loca o enfadada.
Pero, a la mañana siguiente, cuando desperté, noté algo muy extraño: ¡me había convertido en un zapato! Sentía que no podía moverme. No tenía brazos ni piernas, solo cuero, suela y cordones.
De pronto, mi hermano entró en mi habitación. Me vio sobre la cama y, pensando que eran sus zapatos nuevos, me calzó sin saber que yo estaba dentro. En ese momento empecé a marearme, y cuando abrochó los cordones, sentí como si me estuvieran estrangulando.
Grité con todas mis fuerzas, pero él no podía oírme. Yo estaba desesperado y muy arrepentido de haber insultado a aquella mujer. Pensé y pensé en una solución y se me ocurrió que debía pedirle perdón, pero… ¿cómo hacerlo si no podía moverme por mi cuenta?
Mi hermano salió de casa y, sin saberlo, me llevó puesto hasta la feria. Minutos después, se detuvo en un bar… ¡y allí estaba ella, la mujer del conjuro, la bruja loca!
Grité lo más fuerte que pude, y, entre toda la multitud, solo ella me escuchó.
—¡Lo siento! —le dije. ¡No debí insultarla!
La mujer me miró y respondió con calma:
—Está bien, te perdono… pero no lo vuelvas a hacer.
—No lo haré, te lo prometo —contesté, con sincero arrepentimiento.
Ella sonrió y dijo:
—Cuando vuelvas a despertar, volverás a ser humano.
Y así fue. A la mañana siguiente abrí los ojos y, para mi alivio, ya tenía mi cuerpo de nuevo. Desde aquel día aprendí a tener cuidado con mis palabras… y a no discutir con extraños en la feria.
José Manuel Pineda Curiel, 1º D