martes, 1 de julio de 2025

MENSAJE EN UNA BOTELLA

 Uno de mis libros favoritos de aventuras es Robinson Crusoe. Cada vez que leo esta novela con mis alumnos de primero de ESO intento trasladarles la intensidad con la que revivo esta historia una y otra vez.

Para evaluar el Plan Lector, mis alumnos de 1º D  han redactado "MENSAJE EN UNA BOTELLA" pidiendo que alguien los rescate de la isla de Robinson. Si algún viajero pasa cerca, que acuda en su ayuda.

MENSAJE EN UNA BOTELLA

Hola, este mensaje se ha escrito desde una isla lejana. Si lo estás leyendo, por favor, ¡AYÚDAME! No sé mi ubicación exacta, pero pude ver a lo lejos las costas de África.

Todo comenzó cuando realizaba un viaje con dos amigas ( de las cuales he perdido el rastro completamente). Un fuerte oleaje empezó a sacudir el barco donde viajábamos y siguió así hasta que este chocó contra una roca saliente de unos acantilados. La embarcación empezó a hundirse y yo, de forma mecánica, nadé hacia la orilla de esta isla. Cuando mis pies pisaron la arena me sentí muy aliviado, pero no vi a mis amigas ni a ningún otro pasajero.

Lo primero que hice, una vez llegado a la isla, fue buscar un lugar seguro para refugiarme. Mientras lo buscaba, encontré algo que alteró mi paz: dos cadáveres descompuestos. Pero la suerte estaba de mi lado porque tenían armas y ropa; y, gracias a esto, pude cambiarme y sentirme más protegido. Finalmente, tras una larga andadura, encontré el lugar seguro que buscaba: una pequeña cueva en la ladera de la montaña. De noche, para mayor protección, la cubría con troncos asegurándome de que nadie ni nada pudiera entrar y de que yo pudiera salir con facilidad.

Pasado un tiempo, no podría decir cuántos días o semanas, me puse a pensar en mi mala fortuna. “¡Jamá podré escapar de aquí! Solo estoy retrasando mi inevitable muerte”, me lamentaba una y otra vez. Todas las balsas que había hecho en ese tiempo se habían hundido.

Cuando ya había perdido toda esperanza, encontré un barco encallado en un extremo de la isla que aún no había visitado. Puede que fuera de aquellos dos cadáveres que me sorprendieron en mi primera ronda por la isla. La barquilla había encallado y tenía muchos recursos. Gracias a esto, ya no tendría que alimentarme solo con bayas. Entre todas las cosas, además, encontré tinta y pluma, y empecé a escribir estas letras que espero que me sirvan para calmar mi ansiedad y así no perder la cordura.

Un día vi un velero navegando a lo lejos e intenté captar su atención: lancé ramas, encendí una hoguera, disparé al cielo con el mosquetón… Pero nada sirvió, estaban demasiado lejos y la hoguera apenas había prendido durante varios minutos, así que el barco no se percató del humo ni de mi existencia. Ya era, mínimo, el décimo intento de escape fallido.

He perdido la cuenta de los días y los meses. Solo deseo que este mensaje le llegue y pueda venir a rescatarme.

FIRMADO. Germán Durá Sánchez, 1º D




Mensaje en una botella


Estimado lector :

Me presento: soy Kendrick, un hombre de treinta y siete años, y llevo perdido en una isla desierta desde que tuve un naufragio hace dieciséis años.

Yo vivía en Miami , junto a mis padres y mi hermana Lucy. Fui invitado a un viaje en crucero con amigos, y acepté. La peor decisión que he tomado.

Cuando me monté en el crucero todo iba genial, pues era inmenso, con varias salas y habitaciones y era muy cómodo. Lo malo empezó el segundo día: hubo una fortísima tormenta, que hizo que el inmenso barco se tambaleara fuertemente de un lado a otro. El barco se rompía lentamente, a la vez que se hundía. Entonces nos exigieron que montáramos en los botes de emergencia de cuatro en cuatro. Me monté con mis amigos. Pero no termina ahí, la tormenta empeoró aún más, e hizo que dos de mis amigos murieran ahogados. Mi otro compañero y yo tuvimos que nadar con todas nuestras fuerzas hasta llegar a tierra. Y llegamos a una isla solitaria.

Pasados dos años, mi amigo tuvo una idea para escapar, que era básicamente construir una balsa con los troncos y materiales que la isla tenía. Decidí ayudarle, y cuando probamos el barco, se empezó a hundir lentamente. Así que no hubo de otra que seguir sobreviviendo en una isla en la que solo estábamos Jake y yo.

Actualmente estoy solo, porque Jake murió por culpa de una serpiente venenosa. Lo echo mucho de menos, a veces me gustaría irme junto a él, pero sé que mi familia me espera.

Esta carta la escribo con el fin de que alguien me ayude. Esta isla está más o menos cerca de Sudáfrica. No sé en qué punto exactamente, perdí mi mapa hace años.

Espero que esta carta esté en buenas manos, y gracias por fijarte en esta botella.

Un saludo, Kendrick

MARIANA MORILLO, 1º D





MENSAJE EN UNA BOTELLA. ERES EL INDICADO PARA AYUDARME

Navegante o viajero, si este mensaje te llega, tú eres el indicado.

Me llamo Diego, tengo 23 años, aunque puede que confunda a día de hoy mi edad exacta. Naufragué hace ya varios años y desde entonces vivo en una isla desierta con una vida laboriosa, pero solitaria: escapo de animales, recolecto frutos silvestres, sobrevivo… Todo comenzó cuando el barco donde viajaba hacia África naufragó. Desde entonces he estado solo. Los primeros días casi muero a causa de las feroces fieras que me acechaban noche y día; pero, después de varios meses, aprendí a defenderme y a refugiarme de ellas. Además, con algunas armas caseras y utensilios varios que fabriqué pude cazar, sembrar, recolectar y cocinar.

Con el paso de los años, la soledad comenzó a aturdirme; pero, antes de hundirme, recapacité y entendí que no estaba solo sino que me tenía a mí mismo y que había tenido la fortuna de seguir vivo, mientras que otros estaban en el fondo del mar. Y hasta el día de hoy este pensamiento me acompaña.

Hace un par de años, aunque las fechas pueden variar, construí mi propio barco. Todo empezó cuando encontré un trozo viejo del barco en el que viajábamos. Esto me hizo pensar que en la isla había mucha madera y una sustancia viscosa, pegajosa y resistente, que podía servirme de argamasa. Así que, con todos los preparativos y un saco de ilusión en mi cabeza, comencé a construir mi embarcación, a la que le dediqué unos cuatro meses. Una vez lista, la lancé al agua, pero nada más zarpar, una inmensa ola nos arrastró y llevó la nave conmigo de nuevo a la isla. Después de aquello, no me quedaban fuerzas para otro intento.

Por todo esto, si lees este mensaje, si te llegan estas palabras, espero que me localices cerca de los 47º de latitud. Estaré esperando con fogatas. Espero que vengas pronto.


Firmado: Diego Jiménez Sánchez, 1º D




Mensaje en una botella

Hola, bueno, cuando leas esta carta no sabrás quién soy, así que me presento: me llamo Carla y tengo veinte años. Puede que siga viva o que ya esté muerta, pero en una u otra circunstancia seguiré en una isla desconocida del Atlántico, cerca o lejos de las costas africanas, quién sabe dónde.

Hace unos siete años viajaba con una expedición cuando una enorme ballena nos atacó y su cuerpo impactó con tal violencia que nuestro barco naufragó. El agua me arrastró hacia una isla desierta, donde, por desgracia, no encontré ningún superviviente. Al principio, estaba destrozado porque creía que mi vida allí no tenía sentido y que mi final estaría cerca, pero me equivoqué. Como era una isla desconocida para mí, le puse el nombre de “Isla Naufragio”.

Pasado un tiempo, me puse a investigar todos los rincones de aquel nuevo territorio, a pesar de las pocas fuerzas que tenía. Encontré un manzano silvestre y con sus semillas cultivé más. Estos frutos y otros que iba encontrando me dieron fuerzas para continuar. En un hueco de una montaña pude construir mi pequeña cabaña donde pasaba las noches y, aunque las primeras fueron de miedo, terminé por acostumbrarme a los sonidos nocturnos de aquel lugar. Pasaban las semanas y fui recogiendo materiales como palos y pieles para ampliar mi cabaña. La llamé “La Guarida”. Enfrente cultivé árboles para que pudiera camuflarse mejor, ya que mi mayor miedo eran los posibles intrusos, fieras o humanos.

Todas las noches, ante la lumbre, pensaba en huir de la isla. Mi idea era construir una canoa e investigar hasta donde llegara mi vista. Depués de días de trabajo hice una canoa de cañas, pero no era demasiado fuerte y después de crujir en el agua comenzó a partirse en dos. Con la poca energía que me quedada pude volver a la isla pues no había avanzado mucho. Al llegar, recuperé mi rutina cazando, comiendo, durmiendo… Y así todos los días de mi vida.

Un día me propuse redactar esta carta y enviarla en una botella para ver si alguien me ayudaba a salir de aquí. Como no tenía materiales, pesqué un calamar y aproveché toda su tinta . También encontré varias plumas de los pájaros que cohabitan en este lugar. El papel también lo conseguí hacer después de varias semanas de trabajo. Para guiarte un poco en tu búsqueda debo encontrarme a unos 45ª latitud norte.

Espero que si lees esta carta acudas a buscarme. Esta es toda mi historia.

Firmado: Carla Bonilla, 1º D